lunes, 31 de octubre de 2011

El bosque animado (fragmento) de Wenceslao Fernández Flórez


Por entre los robles y castaños, siguiendo las sinuosidades de una vereda casi cubierta por los tojos, vio avanzar un fantasma.Era un fantasma enteramente igual a cualquier otro fantasma aldeano. Venía envuelto en una blanca sábana,traía una luz sobre la cabeza y arrastraba unas cadenas que chirriaban al rozar con los pedruscos del camino. Xan de Malvís se había disfrazado demasiadas veces de espectro en sus aventuras amorosas para no comprender que aquella era auténticamente un alma en pena. Tan asustado quedó que ni habla tuvo para conjurar la aparición inesperada.Corrió hacia su cueva, arañándose en las zarzas, y no concilió el sueño hasta el amanecer.
Dos noches después casi tropezó con el mismo fantasma,junto a las rocas cubiertas de musgo que amparaban su guarida.
-¡Jesús,María,José!- exclamó entonces,santiguándose-.¿Quién eres y qué quieres de mí?
Y el fantasma habló con la voz afligida, un poco en falsete,de todos los fantasmas:
-Soy el ánima de Fiz de Cotobelo, el de Cecebre,que anda penando por estos caminos.
-¿Quieres unas misas?-preguntó resueltamente Fendetestas,como si las llevase él en el bolsillo.
- Nunca vienen mal- parece que respondió el fantasma-. Pero si me ves así es porque hice en vida la promesa de ir a San Andrés de Teixido. Y no la cumplí, y ahora necesito que un cristiano vaya descalzo y peregrinando en mi lugar, y que una vela tan alta como yo he sido.
Xan de Malvís se rascó la cabeza donde, si algunos pelos se habían tranquilizado,otros seguían erizados aún.Balbució: -Pues…, yo bien iría…, pero, la verdad, no me conviene mucho ni creo que me dejasen llegar muy lejos.
El espectro lanzó un largo gemido que hizo que volviesen a poner de punta aquellos pelos ya sosegados de Malvís, y siguió arrastrando cadenas.
-Rezaré por ti- ofreció Fendetestas.
Desde entonces el bandido pudo saber perfectamente cuándo eran las doce en punto de la noche. Sólo con asomarse a su cueva veía pasar la aparición, gimiendo y ululando, y aun sin asomarse, oía el ruido de las cadenas. Como lo habitual pierde emoción, y Malvís era un hombre valiente, concluyó por familiarizarse con la presencia del fantasma. Muchas noches, sintiendo exacerbada en su soledad el ansia de echar un párrafo con alguien, esperaba, sentado en las piedras musgosas, al espíritu de Fiz de Cotobelo y le instaba a detenerse.
-¿Qué prisas llevas?-le preguntaba.
Y después:
-¿Cómo marcha el asunto?
Entonces ambos conferenciaban gravemente.Fiz Cotobelo se dolía de que todos escapasen aterrados, sin pararse a escuchar lo que tenía que decirles, y de la enorme cantidad de agua bendita que le arrojaban en la aldea y que le hacía andar siempre con la sábana terriblemente húmeda.Malvís hablaba de sus pequeños negocios del día y, sobre todo, de su proyecto de asalto a la casa del cura.A veces el fantasma se interesaba en la vida del bandolero.
-¿Lo pasas bien?- inquiría.
Y Fendetestas escupía en el suelo, elevaba un poco sus hombros fornidos y contestaba:
-Es peor arar, Cotoveliño; te lo digo yo:es peor arar.Lo malo está en que no puedo salir de aquí a comprar tabaco. Si hubiese tabaco en la fraga, no me cambiaba por el maestro de escuela. Palabra. Pero cuando no puedo fumar… Muchos días estuve tentado, sólo por eso, a volver a ser un hombre decente.



El Bosque Animado de Amadeo Rojo (letra basada en la película de J.L.Cuerda)

Saca la navaja Malvís en los cruces de camino
Y se le cruza la noche, si se le termina el vino
Dibuja un círculo en la tierra, Santa Compaña a la vista
Malvís el rey del bosque, Fendetestas el artista
Malvís sentado en una piedra, de charla con fantasmas
A ver si del bosque marchas, que me espantas a la caza
Estos tiempos son muy duros para bosques encantados
Los niños mueren de niños, y las meigas no hacen tratos

El fin del mundo ya está cerca, a unas horas caminando
Y el hombre que es confiado,deja al perro a su cuidado

Ya no cantan en la fraga, los castaños ni los robles
Y prepara el pueblo pardo, su venganza contra el hombre
Hoy el bosque está animado marchan de caza los gatos
Y se lleva el pescador una lata y un zapato

El fin del mundo ya está cerca, a unas horas caminando
Y Malvís el Fendetestas, se encenderá otro cigarro
Hoy el bosque está animado,
lo han venido a visitar gentes de la capital  

Hay quien buscará en el tren la salida de esta vida
Pero pronto ha de volver, pues más allá no hay  salida
Hoy el bosque está animado,
lo han venido a visitar almas en peregrinar
Hay quien buscará en el tren la salida de esta vida
Pero pronto ha de volver, pues más allá ya no hay vida

 

 

domingo, 30 de octubre de 2011

Viaje de Tristan Tzara



Derrúmbate casa tardía
sobre la tumba de una muchacha;
por el humo lentamente deshilachado
por el cielo manchado y por las gallinas presurosas,
la lluvia nos envía señales
quisieras encontrar pobres con canas para darles limosna

Tus ojos son demasiado grandes, tus labios están fríos
Preguntas raras veces al espejo si eres de su agrado
Aquí hay cuatro hombres decididos a irse
hacia cuatro lugares desconocidos

En el camino hay plantaciones de amapolas, hay chopos por relámpagos
Hay puentes echados sobre ríos imperiales
sobre arena amarilla como el azufre donde no crecen
ni las malas hierbas en las faldas de las montañas hay aldeas nuevas y limpias
con aves en el corral, con frutas en los jardines
con campanarios, molinos de viento, patios de terratenientes
al borde de la tierra las colinas están rotas
hay trilladoras y graneros con cereales

En la pequeña estación donde bajaremos nosotros solos
nos está esperando el viejo cochero
me preguntarás por aldeas y ventas en el camino
por cosas a las que no te contestaré porque no lo sé

Viviremos en una casa con tejado de junco
en el que anidan las cigüeñas
recibiremos huéspedes, visitaremos al alcalde, la escuela
haremos colección con los insectos del cielo
En nuestro bosque hay osos, ardillas, ciervos.
La casa del guardabosques está vacía
desde ahí veremos toda la aldea
y esperaremos el correo de Dumbraveni.

Estoy viajando, sin fin,  en este tren con una enferma de nervios
como no se salva uno de la profundidad de las ciénagas y de las malas hierbas



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sábado, 29 de octubre de 2011

Como Leales Vasallos de Rafael Alberti



Hincado, así
y en los dientes,
el corazón, y en los labios,
contra tu tierra con sangre,
todo su sabor amargo.
Dolor a muerto en la lengua,
sabor a desenterrado,
gusto a puñal por la espalda,
sabor a crimen, a mano
Con gusto a sombra en la sombra,
sabor a toro engañado,
gusto a león exprimido,
Sabor a sueño
Sabor a llanto,
Gusto a sólo vientre hueco,
A hombre arrancado de cuajo,
Sabor a mar a triste, a triste
Árbol sin sabor árbol.
Amarga ha de ser la vuelta,
Pero sin sabor amargo.


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viernes, 28 de octubre de 2011

Aunque tu no lo sepas de Luis García Montero



Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo,
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos.

Y aunque no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.
También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes,
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuando te marchas.

Aunque tú no lo sepas, te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por sorpresa.

Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas



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jueves, 27 de octubre de 2011

Los Santos Inocentes (fragmento) de Miguel Delibes



Aviva, Azarías, coño, repetía, pero el Azarías tranquilo, apiló los trebejos junto al Land Rover, depositó la jaula de los palomos ciegos al pie del árbol y trepó tronco arriba, el hacha y la soga a la cintura, y una vez en el primer camal, se inclinó hacia abajo,hacia el señorito Iván, ¿me alarga la jaula, señorito? y el señorito Iván alzó el brazo, con la jaula de los palomos en la mano, y, simultáneamente, levantó la cabeza y, al hacerlo, el Azarías le echó al cuello la soga con el nudo corredizo, a manera de corbata, y tiró del otro extremo, ajustándola, y el señorito Iván, para evitar soltar la jaula v lastimar a los palomos, trató de zafarse de la cuerda con la mano izquierda, porque aún no comprendía, ¿pero qué demonios pretendes, Azarias? ¿es que no has visto la nube de zuritas sobre los encinares del Pollo, cacho maricón? y así que el Azarías pasó el cabo de la soga por el camal de encima de su cabeza y tiró de él con todas sus fuerzas, gruñendo y babeando, el señorito Iván perdió pie, se sintió repentinamente izado, soltó la jaula de los palomos y
en ese instante, un apretado bando de zuritas batió el aire rasando la copa de la encina en que se ocultaba.

¡Dios!... estás loco... tu, dijo ronca, entrecorradamente, de tal modo que apenas si se le oyó y, en cambio, fue claramente perceptible el áspero estertor que le siguió como un prolongado ronquido y, casi inmediatamente, el señorito Iván sacó la lengua, una lengua larga, gruesa y cárdena, pero el Azarías ni le miraba, tan sólo sostenía la cuerda, cuyo cabo amarró ahora al camal en que se sentaba y se frotó una mano
con otra y sus labios esbozaron una bobalicona sonrisa, pero todavía el señorito Iván, o las piernas del señorito Iván, experimentaron unas convulsiones extrañas, unos espasmos electrizados, como si se arrancaran a bailar por su cuenta y su cuerpo penduleó un rato en el vacío hasta que, al cabo, quedó inmóvil, la barbilla en lo alto del pecho, los ojos desorbitados, los brazos desmayados a lo largo del cuerpo, mientras Azarías, arriba, mascaba salivilla y reía bobamente al cielo, a la nada, milana bonita, milana bonita, repetía mecánicamente.

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miércoles, 26 de octubre de 2011

Fin de siglo de José Emilio Pacheco



«La sangre derramada clama venganza».
Y la venganza no puede engendrar
sino más sangre derramada
           ¿Quién soy:
el guarda de mi hermano o aquel
           a quien adiestraron
para aceptar la muerte de los demás,
           no la propia muerte?
¿A nombre de qué puedo condenar a muerte
a otros por lo que son o piensan?
Pero ¿cómo dejar impunes
la tortura o el genocidio o el matar de hambre?
            No quiero nada para mí:
            sólo anhelo
            lo posible imposible:
            un mundo sin víctimas.

Cómo lograrlo no está en mi poder;
escapa a mi pequeñez, a mi pobre intento
de vaciar el mar de sangre que es nuestro siglo
con el cuenco trémulo de la mano
Mientras escribo llega el crepúsculo
cerca de mí los gritos que no han cesado
            no me dejan cerrar los ojos



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martes, 25 de octubre de 2011

Negra Sombra de Rosalía de Castro



Cuando pienso que te fuiste,
negra sombra que me asombras,
a los pies de mis cabezales,
tornas haciéndome mofa.
Cuando imagino que te has ido,
en el mismo sol te me muestras,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que zumba.
Si cantan, eres tú que cantas,
si lloran, eres tú que lloras,
y eres el murmullo del río
y eres la noche y eres la aurora.
En todo estás y tú eres todo,
para mí y en mi misma moras,
ni me abandonarás nunca,
sombra que siempre me asombras.



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Canción del Esposo Soldado de Miguel Hernández



He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.



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lunes, 24 de octubre de 2011

Claro que no somos una pompa fúnebre de Gioconda Belli

Claro que no somos una pompa fúnebre,
a pesar de todas las lágrimas tragadas
estamos con la alegría de construir lo nuevo
y gozamos del día, de la noche
y hasta del cansancio
y recogemos risa en el viento alto.

Usamos el derecho a la alegría,
a encontrar el amor
en la tierra lejana
y sentirnos dichosos
por haber hallado compañero
y compartir el pan, el dolor y la cama.

Aunque nacimos para ser felices
nos vemos rodeado de tristeza y vainas,
de muertes y escondites forzados.

Huyendo como prófugos
vemos como nos nacen arrugas en la frente
y nos volvemos serios,
pero siempre por siempre
nos persigue la risa
amarrada también a los talones
y sabemos tirarnos una buena carcajada
y ser felices en la noche más honda y más cerrada

porque estamos construidos de una gran esperanza,
de un gran optimismo que nos lleva alcanzados
y andamos la victoria colgándonos del cuello,
sonando su cencerro cada vez más sonoro
y sabemos que nada puede pasar que nos detenga
porque somos semillas
y habitación de una sonrisa íntima
que explotará
ya pronto
en las caras
de todos.



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domingo, 23 de octubre de 2011

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (fragmento) de Philip K. Dick


Rick empezó a buscar en el bolso. Como cualquier chica humana, Rachael tenía toda clase de objetos inconcebibles, y él revolvía interminablemente. Mientras tanto, ella se había sacudido las botas y corrido la cremallera de sus shorts. Ahora, se balanceaba sobre un pie, recogía con el otro la prenda caída y la arrojaba al otro extremo de la habitación. Luego caía sobre la cama, rodaba en busca de su vaso, al que accidentalmente derribó sobre la alfombra. —Maldición —dijo, y una vez más se puso de pie sin mucha estabilidad. En bragas, miraba a Rick, atareado con su bolso. Y con cuidadosa deliberación, abrió la cama, se metió dentro y se cubrió.—¿Es esto? —Rick alzaba una esfera metálica con una palanquita. —Eso provoca la catalepsia en los androides —dijo Rachael, con los ojos cerrados—. Durante unos segundos. Suspende la respiración. También la tuya, pero los humanos pueden funcionar sin respirar ¿o transpirar? unos minutos. En cambio, el nervio vago de un androide... —Ya sé. El sistema nervioso autónomo de un androide no puede abrir y cerrar el paso con tanta flexibilidad como el nuestro. Pero esto sólo puede servir para cinco o seis segundos. —Bastante para salvarte la vida —murmuró Rachael, que se incorporó y se sentó en la cama—. Si Roy Baty aparece, basta con apretar la palanquita. Y mientras él se queda helado, sin aire en la sangre, mientras sus células cerebrales se deterioran, lo matas con tu láser. —En tu bolso hay uno... —Una imitación de juguete. Los androides no pueden usar un láser —Rachael bostezó, con los ojos nuevamente cerrados. Rick se acercó a la cama. Rachael se echó y se retorció hasta quedar boca abajo, con el rostro hundido en la blanca sábana bajera. —Es una cama limpia, noble, virginal —dijo—. Sólo una niña limpia, noble, virginal... —reflexionó—. Los androides no pueden tener niños. ¿Es una pérdida grave? Rick la desnudó del todo, dejando expuestas sus nalgas claras y frescas.
—¿Es una pérdida? —repitió ella—. No puedo saberlo. ¿Cómo es tener un hijo? ¿Y cómo es nacer? Nosotros no nacemos, no crecemos. En lugar de morir de vejez o enfermedad nos vamos desgastando. Como hormigas, eso es lo que somos. No hablo de ti, sino de mí. Máquinas quitinosas, con reflejos, que no viven de verdad — movió la cabeza de lado y dijo en voz sonora—: ¡No estoy viva! No te vas a acostar con una mujer. No te decepciones, ¿quieres? ¿Alguna vez has hecho el amor con una androide?
—No —respondió él mientras se quitaba la camisa y la corbata. —Me han dicho que es bueno si no piensas demasiado. Si lo piensas, no sale. Por razones...hm, fisiológicas. El la besó en el hombro desnudo.
—Gracias, Rick —dijo suavemente—. Recuerda: ven y no pienses. No te pongas filosófico. Porque filosóficamente es aburrido. Para los dos.
—Más tarde iré a buscar a Roy Baty —dijo él—. Y necesitaré que me acompañes. Sé que el láser que tienes en tu bolso es...
—¿Crees que retiraré a algún androide en tu lugar? —Creo que, pese a lo que me has dicho, me ayudarás en todo lo que puedas. De otro modo no estarías ahora en esta cama.
—Me gustas —respondió Rachael—. Si entrara en una habitación y viera un sillón tapizado con tu piel marcaría un punto muy alto en la escala de Voigt-Kampff.
Esta noche retiraré a una androide Nexus-6 que es exactamente igual a esta chica desnuda, pensó Rick mientras apagaba la luz. Dios mío, es lo que decía Phil Resch. Primero acuéstate con ella, luego mátala.
—No puedo —dijo, retrocediendo. —Yo quisiera —dijo Rachael. Le temblaba la voz.
—No es por ti. Es por Pris Stratton, y por lo que debo hacerle. —No somos la misma. Y a mí no me importa Pris Stratton. Oye —Rachael giró y se incorporó: en la penumbra, Rick podía distinguir la figura elegante de pequeños senos—.
Ven, y yo me ocuparé de la Stratton, ¿quieres? No es posible estar tan cerca y que luego... —Gracias —replicó Rick. El agradecimiento, debido en parte al bourbon, sin duda, le hizo un nudo en la garganta. Dos, pensó. Sólo debo retirar a dos. A los Baty. ¿Lo haría Rachael? Evidentemente. Los androides pensaban y actuaban así. Y sin embargo, jamás había visto nada igual. —Ven a la cama. Pronto —ordenó Rachael. Rick se metió en la cama.


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sábado, 22 de octubre de 2011

Lo Fatal de Rubén Darío

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...



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viernes, 21 de octubre de 2011

Porque resulta que soy libre de Leonard Cohen

Todos conspiran para hacerme libre
Yo intenté sumarme a sus argumentos
pero había muy Pocas actitudes
y yo necesitaba bastantes
         El abandonar a la muchacha adorable
no fue idea mía
pero ella se quedó dormida en la cama de alguien
         Ahora más que nunca
deseo tener enemigos
         Vosotros que florecéis
en el fácil mundo del amor moderno
tened cuidado conmigo
porque he desarrollado una terrible virginidad
y al encontrarse conmigo
todos aquellos que hayan sobrepasado el beso
perecerán sumidos en la vergüenza
con verrugas y pelos en las palmas de sus manos
           Ya va siendo hora de que nuestros mejores hombres mueran
en el error y la iluminación
Moisés vigilando
David en su casa de sangre
Camus junto al río
            Mis nuevas leyes favorecen
no el satori sino la perfección
por fin por fin
             los judíos que van
demasiado lejos en el Sabbath
serán lapidados
             Los católicos que blasfemen
sufrirán la electricidad aplicada
a sus genitales
             Los budistas que adquieren propiedades
serán aserrados por la mitad
             Los malos protestantes
tienen gobiernos
para hacerles la vida imposible
             ¡Ah! el universo vuelve al orden
Los nuevos rascacielos de Montreal
se chulean de los aparcamientos
como los ganadores de un concurso de higiene
             una suite de encendidas ventanas aquí y allá
como una Banda de Primera Clase
otorgada como premio a una limpieza esmerada
             Una muchacha que conocí
duerme en alguna cama
y de todas las cosas bonitas
que podría decir digo ésta
             veo su cuerpo desconcertado
por las impresiones de las bocas
de todos los besos de todos los hombres
que ha conocido
              como un piano arrabalero
anillado por años de vasos de cocktail
y mientras ella se da cuenta y tintinea
en la encantadora vieja y pecaminosa danza
               yo camino bajo
la rubia lluvia de noviembre
castigándola con mi felicidad



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jueves, 20 de octubre de 2011

El embargo (poema en Castúo) de José María Gabriel y Galán


Señol jues, pasi usté más alanti
  y que entrin tos esos.
  No le dé a usté ansia
  no le dé a usté mieo...
Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto!
Embargal, embargal los avíos,
  que aquí no hay dinero:
  lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
  y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
  ya me está sobrando,
  ya me está jediendo.
Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
  y esa segureja
  y ese cacho e liendro...
¡Jerramientas, que no quedi una!
  ¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
  ni esa segureja
  ni ese cacho e liendro...
¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
  si alguno de esos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s'ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
  cuatro mesis vivo
  y una noche muerto!...
Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
  porque aquí lo jinco
  delanti usté mesmo.
  Lleváisoslo todu,
  todu, menus eso,
  que esas mantas tienin
  suol de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
  ca ves que las güelo!...


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miércoles, 19 de octubre de 2011

El Cuaderno Gris (fragmento) de Josep Pla


Si compro una máquina de afeitar que me venden como si fuese el último modelo, resulta que todo el mundo la tiene.Si voy a un restaurante que se acaba de abrir y que me ha recomendado una persona tenida por experta, constato que todo el mundo ha ido con más o menos provecho-habiendo suscitado,generalmente,mucha crítica.
Ésta es una ciudad en que todo el mundo lo sabe todo, que lo ha leído todo, que lo tiene todo, que lo ha visto todo.Sospecho que es una ciudad muy pequeña pero no estoy muy seguro.Encargado de la sección de Sucesos de un diario,un día, a las siete de la tarde,vi el cadáver de un hombre en la calle de la Cadena-muerto a consecuencia de un atentado social-.A las siete y media se lo dije a un amigo:ya lo sabía.Si tenéis la suerte privilegiada de que un poeta oscuro y extraordinario os lea sus versos inéditos y tenéis la debilidad-una debilidad puramente destinada a aumentar el optimismo literario-de comunicar la noticia a algún amigo,hacéis un papel ridículo.Los versos misteriosos son conocidos y valorados.
No soy muy sensible a las sorpresas-porque no espero ninguna, naturalmente-.Sin embargo, cuando en Barcelona encontráis a un ignorante-de una cosa o de otra-aquilatado y auténtico,es una delicia. Por desgracia, no hay muchos.Vamos tirando en medio de personas notoriamente enteradas.


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martes, 18 de octubre de 2011

Eso era Amor de Ángel González

Le comenté:
-Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
               -¿Te gustan solos o con rimel?
-Grandes, respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas



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lunes, 17 de octubre de 2011

El retrato de Dorian Gray (fragmento) de Oscar Wilde


Miró a su alrededor, y vio el cuchillo con el que apuñaló a Basil Hallward. Lo había limpiado muchas veces, hasta que desaparecieron todas las manchas. Brillaba, lanzaba destellos. De la misma manera que había matado al pintor, mataría su obra y todo lo que significaba. Mataría el pasado y, cuando estuviera muerto, él recobraría la libertad. Acabaría con aquella monstruosa vida del alma y, sin sus odiosas advertencias, recobraría la paz. Empuñó el arma y con ella apuñaló el retrato.
Se oyó un grito y el golpe de una caída. El grito puso de manifiesto un sufrimiento tan espantoso que los criados despertaron asustados y salieron en silencio de sus habitaciones. Dos caballeros que pasaban por la plaza se detuvieron y alzaron los ojos hacia la gran casa. Luego siguieron caminando hasta encontrar a un policía y regresar con él. Llamaron varias veces al timbre, pero sin recibir respuesta. Con la excepción de una luz en uno de los balcones del piso alto, todo estaba a oscuras. Al cabo de un rato, el policía se trasladó hasta un portal vecino para contemplar desde allí el edificio.
-¿Quién vive en esa casa? -le preguntó el caballero de más edad.
-El señor Dorian Gray-respondió el policía.
Las dos personas que le escuchaban intercambiaron una mirada de inteligencia y, mientras se alejaban, había en su rostro una mueca de desprecio. Uno de ellos era tío de sir Henry Ashton.
Dentro de la casa, en la zona donde vivía la servidumbre, los criados a medio vestir hablaban en voz baja. La anciana señora Leaf lloraba y se retorcía las manos. Francis estaba tan pálido como un muerto.
Transcurrido un cuarto de hora aproximadamente, el ayuda de cámara tomó consigo al cochero y a uno de los lacayos y subió en silencio las escaleras. Los golpes en la puerta no obtuvieron contestación. Y todo siguió en silencio cuando llamaron a su amo de viva voz. Finalmente, después de tratar en vano de forzar la puerta, salieron al tejado y descendieron hasta el balcón. Una vez allí entraron sin dificultad: los pestillos eran muy antiguos.
En el interior encontraron, colgado de la pared, un espléndido retrato de su señor tal como lo habían visto por última vez, en todo el esplendor de su juventud y singular belleza. En el suelo, vestido de etiqueta, y con un cuchillo clavado en el corazón, hallaron el cadáver de un hombre mayor, muy consumido, lleno de arrugas y con un rostro repugnante. Sólo lo reconocieron cuando examinaron las sortijas que llevaba en los dedos.

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domingo, 16 de octubre de 2011

Que los ruidos te perforen los dientes... de Oliverio Girondo


Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un meadero.
Que cuando quieras decir: “Mi amor”, digas: “Pescado frito”; que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni un solo instante, de lamerle la cerradura.


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sábado, 15 de octubre de 2011

Piedra negra sobre una piedra blanca de César Vallejo


Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...

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viernes, 14 de octubre de 2011

Delirios de Amadeo Rojo Morientes


Un joven con delirios de escritor recorre las estanterías de una biblioteca, los títulos, a causa del polvo, estornudan sin parar.

Los 8376 tomos apilados le escupen a la cara en nombre de los 8376 autores, que sí, y no como él, han escrito un libro.

Un joven escritor, con delirios de dramaturgo vestido de amarillo, se sienta henchido de prosa, lírica y mediocridad delante de un papel en blanco.

Dichoso papel blanco, blanco, blanco….blanco, blanco, blanco.

Horas después el dichoso papel, del joven vestido de amarillo y con delirios de moribundo enfermo de tisis a finales del s.XIX, sigue en blanco.

La biblioteca cierra su chirriante puerta de madera sin que ni Clarín ni Navokov ni tan siquiera el bueno de Lope le inspiren de soslayo ni una sola palabra al escritor con delirios de joven poeta romántico.

Y así ni la noche, ni la luna, ni la bruma, ni tan siquiera el río del pueblo, que a sus ojos es el Nilo de orillas rojas le hacen sentirse algo más de lo que es: un viejo ropero acartonado con delirios de ensayista.   

Un joven que en sus delirios ve una novela recién publicada, con malas críticas en su país, pero considerado todo un clásico en Francia, pasea por las calles empedradas de un mundo que le mira y sólo ve un viejo armario ropero inservible. Un zarrio, un atillo con remiendos de vida.

Llora, y de cada lágrima de serrín caen versos, de cada ahogo asmático surge un personaje, y de cada tropiezo un final…

Por la mañana un joven periodista, con delirios de notario, escribirá por él su primer libro: La biografía de un joven fallecido entre delirios de absenta que su propia pluma nunca pudo firmar... Y publicada en la sección de necrológicas, entre la de sucesos y la de economía. 


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jueves, 13 de octubre de 2011

Conocí a un genio de Charles Bukowski

Hoy conocí a un genio en el tren
como de seis años de edad;
se sentó a mi lado y,
mientras el tren
corría por la costa,
llegamos al océano.
el niño me miró y me dijo:
el mar no es nada bonito.
Fue la primera vez
que me di cuenta de ello



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miércoles, 12 de octubre de 2011

Rayuela (capítulo 7) de Julio Cortázar


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

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martes, 11 de octubre de 2011

Pedro Páramo (fragmento) de Juan Rulfo


Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. "No dejes de ir a visitarlo -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte." Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.

Todavía antes me había dicho:

-No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.

-Así lo haré, madre

Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala. Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de la saponarias.

El camino subía y bajaba: "Sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para él que viene, baja."
-¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?
-Comala, señor.
-¿Está seguro de que ya es Comala?
-Seguro, señor.
-¿ Y por qué se ve esto tan triste?
-Son los tiempos, señor.

Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Ahora yo vengo en su lugar. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver: "Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche." Y su voz era secreta, casi apagada, como si hablara consigo misma...


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lunes, 10 de octubre de 2011

El Sueño de la razón produce monstruos de Amadeo Rojo Morientes


Soñé con la razón y soñé con monstruos 
Es el triste sueño de dormir con miedo 
Partir no es sencillo, el fin está lejos 
Cayendo al abismo que te tiene preso 

 ¡Despierta razón!, ¡se dibujan monstruos! 
Horas de vigilia pidiendo reposo 
La noches de rezos que mandan al foso 
Todas las palabras que hacen triste al dichoso 

 Las causas perdidas son guerras ganadas 
Abrazos fraternos que son puñaladas 
Despojos de hombres con la mente sin blanca 
Las justas verdades son tábulas rasas 

 Soñó la razón y soñé con monstruos 
Son sólo pinturas de negras pinzadas 
Tal vez en la cruz ya no hay más que impíos 
 La balanza es un pulso entre fuerza y hastío 

 Los corazones gritan mirando al tendido 
No siguen latiendo se mueren de frío 
Sobre un escritorio ya resta dormido 
Y surgen los miedos y lloros de un crío 

Los cuentos de meigas y gente malvada 
Desvelan los sueños de quien no teme nada 
Volar de lechuzas, olores a cirios 
Soñó mi razón, daros por perdidos 

 Obra registrada con Safe Creative Código: 1109300170709
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domingo, 9 de octubre de 2011

Espantapájaros de Oliverio Girondo



No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible
- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
 ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando



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sábado, 8 de octubre de 2011

¡Adiós, fantasía mía! de Walt Whitman


¡Adiós, Fantasía mía!
¡Adiós, querida compañera, amor mío!
Me voy, no sé adónde
ni hacia qué azares, ni sé si te volveré a ver jamás.
¡Adiós, pues, Fantasía mía!

Déjame mirar atrás por última vez.
Siento en mí el leve y menguante tic tac del reloj.
Muerte, noche, y pronto se detendrá el latir de mi corazón.

Durante mucho tiempo hemos vivido, gozado, y acariciado juntos,
                                                                                        en deliquio.
Ahora hemos de separarnos. ¡Adiós, Fantasía mía!

Pero no nos apresuremos.
Largo tiempo, ciertamente, hemos vivido, dormido, nos hemos
                                                              mezclado el uno con el otro.
Si morimos, pues, moriremos juntos (sí, continuaremos
                                                                                  siendo uno),
si vamos a algún sitio, iremos juntos a afrontar lo que ocurra:
quizás seremos más libres y alegres, y aprenderemos algo,
quizás me estés ya guiando hacia las verdaderas canciones,
                                                                              (¿quién lo sabe?),
quizás eres tú el mortal pomo de la puerta que deshace, gira...
Finalmente, pues, te digo:
                            
                              ADIÓS! ¡SALUD, FANTASÍA MÍA!

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viernes, 7 de octubre de 2011

Amigos que por siempre nos dejaron... de Edgar Allan Poe

Amigos que por siempre
nos dejaron,

caros amigos para siempre idos,
fuera del Tiempo
y  fuera del Espacio!

Para el alma nutrida de pesares,
para el transido corazón, acaso".

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jueves, 6 de octubre de 2011

Plagio de Amadeo Rojo Morientes



Viendo una zorra unos hermosos racimos de uvas ya maduras,
                                              deseosa de comerlos, busca medio para alcanzarlos, pero no siéndole posible de ningún                      modo, y viendo frustrado su deseo, dijo para consolarse: -Estas uvas no están maduras
                                                                              Esopo

Cualquier persona, por muy fácil que esto pueda parecer a primera vista, no es capaz de plagiar. El plagio no significa robar del museo d’Orsay de París una obra de Renoir, dejar pasar años y años hasta que la prensa no publique nada más sobre el tema, hasta que la marca que el óleo dejó en la pared del museo sea remplazada por otra capa de pintura, hasta que los estudiosos de arte se olviden de él y su foto en los libros se vuelva amarilla y quebradiza en alguna perdida biblioteca…Y llegado el momento presentarlo ante los atónitos y desmemoriados mecenas como la ópera prima de un joven y prometedor artista. Eso, eso no es un plagio. Plagiar no es escribir una obra de teatro donde se cuente la trágica historia de amor de dos jóvenes llamados Ramón y Juliana, que en la ciudad de Valencia sufren la enemistad de sus familias, de forma que viendo imposible su romance los enamorados terminen por suicidarse. Eso, eso tampoco es plagio…

Al nacer le plagié el nombre a mi abuelo, los apellidos a mis padres, el color de los ojos a mi tío y la sonrisa a mi prima la mayor. Cuando fui creciendo le plagié la forma de andar a mi abuela, la manía de sorber la sopa de mi tía, el gusto por el TBO de mi hermano. Y como no, la obsesión por el orden de mi bisabuelo el notario. Las cejas y las orejas de mi primo, la facilidad para leer de mi querido tío-abuelo el fraile, de un pariente lejano su sentido del humor y su capacidad de concentración, mi olfato poco desarrollado de mi madrina y de un amigo, casi hermano de mi padre, la falta de apetito.

De este modo en mi tierna infancia ya era todo un maestro del plagio, y en la adolescencia no lo fui menos: Mi ropa era un plagio de la de mis amigos, mi pelo del actor del momento, mis gustos sobre música eran los gustos de los promotores, mis exámenes los del compañero de delante, mis pecados los de mi primera novia, mis más célebres ocurrencias eran las que el día anterior había visto en la televisión o leído en la puerta de algún lavabo, y mi primera declaración de amor se la debo a las Rimas de Bécquer…

Visto lo visto y teniendo esta facilidad para el plagio, con los años llegué a la perfección e  hice como todo el mundo hacía: Me casé con la mujer que era como la de todos los demás, tuve una casa hipotecada, como todos los demás tenían, un trabajo durante 20 años, como todos mis compañeros tenían, un trabajo que nada tenía que ver con lo que había estudiado, como a todo el mundo le pasaba. Voté a la mayoría porque todo el mundo lo hacía, y leía los libros más vendidos porque todo el mundo los leía. Me mojaba si llovía y a nadie veía con paraguas, me emborrachaba si todo el mundo bebía, lloraba si todo el mundo lloraba y callaba  cuando todo el mundo callaba, eso sí, aunque no hubiera que callar. Comía tres veces al día y hacía el amor una vez por semana, iba a misa los domingos y dejaba de fumar cada primero de Enero.

Pero un buen día dejé de ser plagiador para convertirme en plagiado. Y sucedió de una forma tan minuciosa que creía que la mujer que tanto se parecía a la mía y que estaba en una cama que tanto se parecía a la mía con otro hombre, era en realidad la mía. Que ese joven que se sentaba en una mesa tan parecida a la mía, dentro de un despacho que tanto se parecía al mío, en un trabajo tan parecido al mío, era en realidad el mío. Que la casa tan parecida a la mía, que estaba embargando un banco tan parecido al de mi hipoteca, era en realidad la mía. Y que el dinero tan parecido al mío y que tan rápido se escapaba de unos bolsillos tan parecidos a los míos, era en realidad el mío…

Como he dicho, me plagiaron de una forma tan minuciosa, que llegué a creer que la persona que veía cada mañana despertarse, y que no tenía, como todos los demás tenían, un sitio donde caerse muerto, era en realidad yo.

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