sábado, 5 de noviembre de 2011

Reyerta de Federico García Lorca


           a Rafael Méndez

En la mitad del barranco
las navajas de Albacete,
bellas de sangre contraria,
relucen como los peces.
Una dura luz de naipe
recorta en el agrio verde
caballos enfurecidos
y perfiles de jinetes.
En la copa de un olivo
lloran dos viejas mujeres.
El toro de la reyerta
su sube por la paredes.
Angeles negros traían
pañuelos y agua de nieve.
Angeles con grandes alas
de navajas de Albacete.
Juan Antonio el de Montilla
rueda muerto la pendiente
su cuerpo lleno de lirios
y una granada en las sienes.
Ahora monta cruz de fuego,
carretera de la muerte.
El juez con guardia civil,
por los olivares viene.
Sangre resbalada gime
muda canción de serpiente.
Señores guardias civiles:
aquí pasó lo de siempre.
Han muerto cuatro romanos
y cinco cartagineses
La tarde loca de higueras
y de rumores calientes
cae desmayada en los muslos
heridos de los jinetes.
Y ángeles negros volaban
por el aire del poniente.
Angeles de largas trenzas
y corazones de aceite

viernes, 4 de noviembre de 2011

Frente al mar de Alfonsina Storni



Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
"Piedad, piedad para el que más ofenda".

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,
¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y equivoca
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele
.



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jueves, 3 de noviembre de 2011

El Padrino (fragmento) de Mario Puzo



– Actuaron ustedes como unos completos degenerados –dijo el juez,
severamente.
Eso, eso, pensó Amerigo Bonasera. Animales. Animales. Los dos jóvenes, con el cabello bien cortado y peinado, y el rostro claro y limpio, eran la viva imagen de la contrición. Al oír las palabras del juez, bajaron humildemente la cabeza.
– Actuaron ustedes como bestias salvajes –prosiguió el juez–; y menos mal que no agredieron sexualmente a aquella pobre chica, pues ello les hubiera costado una pena de veinte años.
El representante de la justicia hizo una pausa. Sus ojos, enmarcados por unas cejas sumamente pobladas, miraron disimuladamente al pálido Amerigo Bonasera, para luego detenerse en un montón de documentos relacionados con el caso que tenía delante. Frunció el ceño, como si lo que iba a decir a continuación estuviera en desacuerdo con su punto de vista.
– Pero teniendo en cuenta su edad, su limpio historial, la buena reputación de sus familias... y porque la ley, en su majestad, no busca venganzas de tipo alguno, les condeno a tres años de prisión. La sentencia queda en suspenso.

Gracias a que llevaba cuarenta años en contacto más o menos directo con el dolor, pues era propietario de una funeraria, el rostro de Amerigo Bonasera no dejó traslucir en absoluto la decepción y el inmenso odio que le embargaban. Su joven y bella hija estaba todavía en el hospital, reponiéndose de su mandíbula rota ¿y aquellos dos bestias iban a quedar en libertad? ¡Todo había sido una farsa! Miró a los felices padres, que en ese momento rodeaban a sus queridos hijos, y pensó que eran plenamente dichosos; no cabía la menor
duda, sus sonrisas así lo indicaban. Por la garganta de Bonasera subió una hiel negra y amarga, que le llegó a los labios a través de los dientes fuertemente apretados. Se limpió la boca con el blanco pañuelo que llevaba en el bolsillo. En aquel preciso instante los dos jóvenes pasaron junto a él, sonrientes y confiados, sin dignarse a dirigirle una mirada. Bonasera no dijo nada; se limitó a apretar el pañuelo contra sus labios. Los padres de los bestias iban detrás. Tanto ellos como ellas tenían más o menos su edad; pero vestían de forma más americana. Le miraron a hurtadillas. La vergüenza se reflejaba en sus caras, aunque en sus ojos brillaba una luz triunfante. Entonces Bonasera perdió el control.
– ¡Os prometo que lloraréis como yo he llorado! –gritó amargamente–. ¡Os haré llorar como vuestros hijos me hacen llorar a mí! –había llevado el pañuelo hasta sus ojos.
Los abogados defensores, con la mano en el brazo de sus defendidos, indicaron a éstos que siguieran pasillo 
adelante, pues los dos jóvenes habían retrocedido unos pasos, como si quisieran proteger a sus padres, aunque ya un gigantesco alguacil corría para cerrar el paso a Bonasera. Pese a todo, no era necesario.

Durante los años que llevaba en América, Amerigo Bonasera había confiado en  la ley, y no había tenido problemas. En ese momento, a pesar de que en su cerebro hervía el odio, a pesar de sus inmensos deseos de comprar un arma y matar a los dos jóvenes, Bonasera se volvió hacia su mujer, que todavía no se había dado cuenta de la farsa que se había desarrollado ante sus ojos.
– Nos han puesto en ridículo –le dijo.
Guardó silencio y luego, con voz firme, sin temor alguno al precio que pudieran exigirle, añadió:
– Si queremos justicia, deberemos arrodillarnos ante Don Corleone.


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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Todos contra el doctor de Juan Manuel Moreno Vera



Aunque algunos hacedores de canciones
Concurran alguna vez en denuncias sociales
Son personajes fantásticos que en el fondo cantan
Por la pretensión de un dolor que se les adelanta
O por una simple intervención de la garganta

En mi caso, el beneficio  resulta escaso
De ser el lastimero cantante de mi epitafio
Y sin embargo canto:
Desde que no voy al Doctor 
Todo tiene más encanto

No hace demasiado me creía un hombre sano,
Y lo decía  en vano : “la vida es ir pasando”
Desde que decidí tomar decisiones desacomplejadas
Desde que seriamente escupí el primer sarcasmo
No he podido matizar entre el éxito y el fracaso

Entonces los hombres se me acercaron
Por si de mi los bañase el rocío
Tibio y alado de mis palabras
Mientras yo, al hablar sentía, con alivio,
Huirme  el vaho que me fortalecía*.

Ahora, examino el dolor, salgo de casa
Inspiro una canción y todo es tan normal
Que aunque al completarme tenga dudas
Cada vez que paro a contemplarte
Sufro menos si pasas de largo y no saludas

Y así me las voy dando de listillo fracasado
Resulta el beneficio cierto, pero escaso
Que no me oiga  mi Doctor, 
Y así vamos pasando -Muy mal os veo a todos-
Por aquí nos hemos quedado

Respirando, respirando
Creo que sigo respirando…

* Estrofa del poema "Oració de l’angúnia poètica" de Carles Riba.
Adjuntamos original en catalán.


ORACIÓ DE L'ANGÚNIA POÈTICA

Senyor que heu alenat dins el meu fang:
ara la meva jovenesa
és com una aigua mesa al forn,
que penetra l'alè subtil del foc,
i bull, i escampa al seu voltant
una amorosa suavitat
que fa de bon estar-hi prop.
Senyor, dins de mi heu posat
la presència viva d'una dona
com l'aigua bombollant dins una argila nova:
dintre meu per primera vegada s'és obrat
el miracle de la paraula que consola:
i els homes se m'atansen
per si de mi els banyés el rou
tebi i alat de la paraula.
Senyor, perquè haveu cridat tan fort
dins aquest fang meu trencadís?
O ens heu posat aquest daler dintre del cor
perquè ens hi turmentem, així
com és el meu turment, que en parlar sento estort
escapar-se'm el baf que m'enfortís
-la presència d'ella vehement-
en un anguniós deslliurament
com deu sé el de l'anima per la mort?
Si sé que el meu fang buit no duraria al foc!
Heu arranjat talment el rompre's dels meus dies?
O és per vessar-m'hi encara nova cosa millor?
Què, si no sou ja Vós, Senyor?


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martes, 1 de noviembre de 2011

Conxuro da queimada de Mariano Marcos Abalo



Mouchos, coruxas, sapos e bruxas.
Demos, trasgos e diaños, espíritos das nevoadas veigas.
Corvos, pintigas e meigas, feitizos das menciñeiras.
Podres cañotas furadas, fogar dos vermes e alimañas.
Lume das Santas Compañas, mal de ollo, negros meigallos, cheiro dos mortos, tronos e raios.
Oubeo do can, pregón da morte, fociño do sátiro e pé do coello.
Pecadora lingua da mala muller casada cun home vello.
Averno de Satán e Belcebú, lume dos cadáveres ardentes, corpos mutilados dos indecentes, peidos dos infernais cus, ruxido da mar embravecida.
Barriga inútil da muller solteira, falar dos gatos que andan á xaneira, guedella porca da cabra mal parida.
Con este cullerón levantarei as chamas deste lume que asemella ao do inferno, e fuxirán as bruxas a cabalo das súas escobas, índose bañar na praia das areas gordas.
¡Oíde, oíde! os ruxidos que dan as que non poden deixar de queimarse no augardente,
quedando así purificadas.
E cando esta queimada baixe polas nosas gorxas, quedaremos libres dos males da nosa alma
 e de todo embruxamento.
Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada: si e verdade que tendes mais poder que a humana xente, aquí e agora, facede cos espíritos dos amigos que estan fora,
participen con nos desta queimada.


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lunes, 31 de octubre de 2011

El bosque animado (fragmento) de Wenceslao Fernández Flórez


Por entre los robles y castaños, siguiendo las sinuosidades de una vereda casi cubierta por los tojos, vio avanzar un fantasma.Era un fantasma enteramente igual a cualquier otro fantasma aldeano. Venía envuelto en una blanca sábana,traía una luz sobre la cabeza y arrastraba unas cadenas que chirriaban al rozar con los pedruscos del camino. Xan de Malvís se había disfrazado demasiadas veces de espectro en sus aventuras amorosas para no comprender que aquella era auténticamente un alma en pena. Tan asustado quedó que ni habla tuvo para conjurar la aparición inesperada.Corrió hacia su cueva, arañándose en las zarzas, y no concilió el sueño hasta el amanecer.
Dos noches después casi tropezó con el mismo fantasma,junto a las rocas cubiertas de musgo que amparaban su guarida.
-¡Jesús,María,José!- exclamó entonces,santiguándose-.¿Quién eres y qué quieres de mí?
Y el fantasma habló con la voz afligida, un poco en falsete,de todos los fantasmas:
-Soy el ánima de Fiz de Cotobelo, el de Cecebre,que anda penando por estos caminos.
-¿Quieres unas misas?-preguntó resueltamente Fendetestas,como si las llevase él en el bolsillo.
- Nunca vienen mal- parece que respondió el fantasma-. Pero si me ves así es porque hice en vida la promesa de ir a San Andrés de Teixido. Y no la cumplí, y ahora necesito que un cristiano vaya descalzo y peregrinando en mi lugar, y que una vela tan alta como yo he sido.
Xan de Malvís se rascó la cabeza donde, si algunos pelos se habían tranquilizado,otros seguían erizados aún.Balbució: -Pues…, yo bien iría…, pero, la verdad, no me conviene mucho ni creo que me dejasen llegar muy lejos.
El espectro lanzó un largo gemido que hizo que volviesen a poner de punta aquellos pelos ya sosegados de Malvís, y siguió arrastrando cadenas.
-Rezaré por ti- ofreció Fendetestas.
Desde entonces el bandido pudo saber perfectamente cuándo eran las doce en punto de la noche. Sólo con asomarse a su cueva veía pasar la aparición, gimiendo y ululando, y aun sin asomarse, oía el ruido de las cadenas. Como lo habitual pierde emoción, y Malvís era un hombre valiente, concluyó por familiarizarse con la presencia del fantasma. Muchas noches, sintiendo exacerbada en su soledad el ansia de echar un párrafo con alguien, esperaba, sentado en las piedras musgosas, al espíritu de Fiz de Cotobelo y le instaba a detenerse.
-¿Qué prisas llevas?-le preguntaba.
Y después:
-¿Cómo marcha el asunto?
Entonces ambos conferenciaban gravemente.Fiz Cotobelo se dolía de que todos escapasen aterrados, sin pararse a escuchar lo que tenía que decirles, y de la enorme cantidad de agua bendita que le arrojaban en la aldea y que le hacía andar siempre con la sábana terriblemente húmeda.Malvís hablaba de sus pequeños negocios del día y, sobre todo, de su proyecto de asalto a la casa del cura.A veces el fantasma se interesaba en la vida del bandolero.
-¿Lo pasas bien?- inquiría.
Y Fendetestas escupía en el suelo, elevaba un poco sus hombros fornidos y contestaba:
-Es peor arar, Cotoveliño; te lo digo yo:es peor arar.Lo malo está en que no puedo salir de aquí a comprar tabaco. Si hubiese tabaco en la fraga, no me cambiaba por el maestro de escuela. Palabra. Pero cuando no puedo fumar… Muchos días estuve tentado, sólo por eso, a volver a ser un hombre decente.



El Bosque Animado de Amadeo Rojo (letra basada en la película de J.L.Cuerda)

Saca la navaja Malvís en los cruces de camino
Y se le cruza la noche, si se le termina el vino
Dibuja un círculo en la tierra, Santa Compaña a la vista
Malvís el rey del bosque, Fendetestas el artista
Malvís sentado en una piedra, de charla con fantasmas
A ver si del bosque marchas, que me espantas a la caza
Estos tiempos son muy duros para bosques encantados
Los niños mueren de niños, y las meigas no hacen tratos

El fin del mundo ya está cerca, a unas horas caminando
Y el hombre que es confiado,deja al perro a su cuidado

Ya no cantan en la fraga, los castaños ni los robles
Y prepara el pueblo pardo, su venganza contra el hombre
Hoy el bosque está animado marchan de caza los gatos
Y se lleva el pescador una lata y un zapato

El fin del mundo ya está cerca, a unas horas caminando
Y Malvís el Fendetestas, se encenderá otro cigarro
Hoy el bosque está animado,
lo han venido a visitar gentes de la capital  

Hay quien buscará en el tren la salida de esta vida
Pero pronto ha de volver, pues más allá no hay  salida
Hoy el bosque está animado,
lo han venido a visitar almas en peregrinar
Hay quien buscará en el tren la salida de esta vida
Pero pronto ha de volver, pues más allá ya no hay vida

 

 

domingo, 30 de octubre de 2011

Viaje de Tristan Tzara



Derrúmbate casa tardía
sobre la tumba de una muchacha;
por el humo lentamente deshilachado
por el cielo manchado y por las gallinas presurosas,
la lluvia nos envía señales
quisieras encontrar pobres con canas para darles limosna

Tus ojos son demasiado grandes, tus labios están fríos
Preguntas raras veces al espejo si eres de su agrado
Aquí hay cuatro hombres decididos a irse
hacia cuatro lugares desconocidos

En el camino hay plantaciones de amapolas, hay chopos por relámpagos
Hay puentes echados sobre ríos imperiales
sobre arena amarilla como el azufre donde no crecen
ni las malas hierbas en las faldas de las montañas hay aldeas nuevas y limpias
con aves en el corral, con frutas en los jardines
con campanarios, molinos de viento, patios de terratenientes
al borde de la tierra las colinas están rotas
hay trilladoras y graneros con cereales

En la pequeña estación donde bajaremos nosotros solos
nos está esperando el viejo cochero
me preguntarás por aldeas y ventas en el camino
por cosas a las que no te contestaré porque no lo sé

Viviremos en una casa con tejado de junco
en el que anidan las cigüeñas
recibiremos huéspedes, visitaremos al alcalde, la escuela
haremos colección con los insectos del cielo
En nuestro bosque hay osos, ardillas, ciervos.
La casa del guardabosques está vacía
desde ahí veremos toda la aldea
y esperaremos el correo de Dumbraveni.

Estoy viajando, sin fin,  en este tren con una enferma de nervios
como no se salva uno de la profundidad de las ciénagas y de las malas hierbas



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sábado, 29 de octubre de 2011

Como Leales Vasallos de Rafael Alberti



Hincado, así
y en los dientes,
el corazón, y en los labios,
contra tu tierra con sangre,
todo su sabor amargo.
Dolor a muerto en la lengua,
sabor a desenterrado,
gusto a puñal por la espalda,
sabor a crimen, a mano
Con gusto a sombra en la sombra,
sabor a toro engañado,
gusto a león exprimido,
Sabor a sueño
Sabor a llanto,
Gusto a sólo vientre hueco,
A hombre arrancado de cuajo,
Sabor a mar a triste, a triste
Árbol sin sabor árbol.
Amarga ha de ser la vuelta,
Pero sin sabor amargo.


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viernes, 28 de octubre de 2011

Aunque tu no lo sepas de Luis García Montero



Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo,
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos.

Y aunque no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.
También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes,
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuando te marchas.

Aunque tú no lo sepas, te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por sorpresa.

Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas



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jueves, 27 de octubre de 2011

Los Santos Inocentes (fragmento) de Miguel Delibes



Aviva, Azarías, coño, repetía, pero el Azarías tranquilo, apiló los trebejos junto al Land Rover, depositó la jaula de los palomos ciegos al pie del árbol y trepó tronco arriba, el hacha y la soga a la cintura, y una vez en el primer camal, se inclinó hacia abajo,hacia el señorito Iván, ¿me alarga la jaula, señorito? y el señorito Iván alzó el brazo, con la jaula de los palomos en la mano, y, simultáneamente, levantó la cabeza y, al hacerlo, el Azarías le echó al cuello la soga con el nudo corredizo, a manera de corbata, y tiró del otro extremo, ajustándola, y el señorito Iván, para evitar soltar la jaula v lastimar a los palomos, trató de zafarse de la cuerda con la mano izquierda, porque aún no comprendía, ¿pero qué demonios pretendes, Azarias? ¿es que no has visto la nube de zuritas sobre los encinares del Pollo, cacho maricón? y así que el Azarías pasó el cabo de la soga por el camal de encima de su cabeza y tiró de él con todas sus fuerzas, gruñendo y babeando, el señorito Iván perdió pie, se sintió repentinamente izado, soltó la jaula de los palomos y
en ese instante, un apretado bando de zuritas batió el aire rasando la copa de la encina en que se ocultaba.

¡Dios!... estás loco... tu, dijo ronca, entrecorradamente, de tal modo que apenas si se le oyó y, en cambio, fue claramente perceptible el áspero estertor que le siguió como un prolongado ronquido y, casi inmediatamente, el señorito Iván sacó la lengua, una lengua larga, gruesa y cárdena, pero el Azarías ni le miraba, tan sólo sostenía la cuerda, cuyo cabo amarró ahora al camal en que se sentaba y se frotó una mano
con otra y sus labios esbozaron una bobalicona sonrisa, pero todavía el señorito Iván, o las piernas del señorito Iván, experimentaron unas convulsiones extrañas, unos espasmos electrizados, como si se arrancaran a bailar por su cuenta y su cuerpo penduleó un rato en el vacío hasta que, al cabo, quedó inmóvil, la barbilla en lo alto del pecho, los ojos desorbitados, los brazos desmayados a lo largo del cuerpo, mientras Azarías, arriba, mascaba salivilla y reía bobamente al cielo, a la nada, milana bonita, milana bonita, repetía mecánicamente.

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miércoles, 26 de octubre de 2011

Fin de siglo de José Emilio Pacheco



«La sangre derramada clama venganza».
Y la venganza no puede engendrar
sino más sangre derramada
           ¿Quién soy:
el guarda de mi hermano o aquel
           a quien adiestraron
para aceptar la muerte de los demás,
           no la propia muerte?
¿A nombre de qué puedo condenar a muerte
a otros por lo que son o piensan?
Pero ¿cómo dejar impunes
la tortura o el genocidio o el matar de hambre?
            No quiero nada para mí:
            sólo anhelo
            lo posible imposible:
            un mundo sin víctimas.

Cómo lograrlo no está en mi poder;
escapa a mi pequeñez, a mi pobre intento
de vaciar el mar de sangre que es nuestro siglo
con el cuenco trémulo de la mano
Mientras escribo llega el crepúsculo
cerca de mí los gritos que no han cesado
            no me dejan cerrar los ojos



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martes, 25 de octubre de 2011

Negra Sombra de Rosalía de Castro



Cuando pienso que te fuiste,
negra sombra que me asombras,
a los pies de mis cabezales,
tornas haciéndome mofa.
Cuando imagino que te has ido,
en el mismo sol te me muestras,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que zumba.
Si cantan, eres tú que cantas,
si lloran, eres tú que lloras,
y eres el murmullo del río
y eres la noche y eres la aurora.
En todo estás y tú eres todo,
para mí y en mi misma moras,
ni me abandonarás nunca,
sombra que siempre me asombras.



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Canción del Esposo Soldado de Miguel Hernández



He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.



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lunes, 24 de octubre de 2011

Claro que no somos una pompa fúnebre de Gioconda Belli

Claro que no somos una pompa fúnebre,
a pesar de todas las lágrimas tragadas
estamos con la alegría de construir lo nuevo
y gozamos del día, de la noche
y hasta del cansancio
y recogemos risa en el viento alto.

Usamos el derecho a la alegría,
a encontrar el amor
en la tierra lejana
y sentirnos dichosos
por haber hallado compañero
y compartir el pan, el dolor y la cama.

Aunque nacimos para ser felices
nos vemos rodeado de tristeza y vainas,
de muertes y escondites forzados.

Huyendo como prófugos
vemos como nos nacen arrugas en la frente
y nos volvemos serios,
pero siempre por siempre
nos persigue la risa
amarrada también a los talones
y sabemos tirarnos una buena carcajada
y ser felices en la noche más honda y más cerrada

porque estamos construidos de una gran esperanza,
de un gran optimismo que nos lleva alcanzados
y andamos la victoria colgándonos del cuello,
sonando su cencerro cada vez más sonoro
y sabemos que nada puede pasar que nos detenga
porque somos semillas
y habitación de una sonrisa íntima
que explotará
ya pronto
en las caras
de todos.



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domingo, 23 de octubre de 2011

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (fragmento) de Philip K. Dick


Rick empezó a buscar en el bolso. Como cualquier chica humana, Rachael tenía toda clase de objetos inconcebibles, y él revolvía interminablemente. Mientras tanto, ella se había sacudido las botas y corrido la cremallera de sus shorts. Ahora, se balanceaba sobre un pie, recogía con el otro la prenda caída y la arrojaba al otro extremo de la habitación. Luego caía sobre la cama, rodaba en busca de su vaso, al que accidentalmente derribó sobre la alfombra. —Maldición —dijo, y una vez más se puso de pie sin mucha estabilidad. En bragas, miraba a Rick, atareado con su bolso. Y con cuidadosa deliberación, abrió la cama, se metió dentro y se cubrió.—¿Es esto? —Rick alzaba una esfera metálica con una palanquita. —Eso provoca la catalepsia en los androides —dijo Rachael, con los ojos cerrados—. Durante unos segundos. Suspende la respiración. También la tuya, pero los humanos pueden funcionar sin respirar ¿o transpirar? unos minutos. En cambio, el nervio vago de un androide... —Ya sé. El sistema nervioso autónomo de un androide no puede abrir y cerrar el paso con tanta flexibilidad como el nuestro. Pero esto sólo puede servir para cinco o seis segundos. —Bastante para salvarte la vida —murmuró Rachael, que se incorporó y se sentó en la cama—. Si Roy Baty aparece, basta con apretar la palanquita. Y mientras él se queda helado, sin aire en la sangre, mientras sus células cerebrales se deterioran, lo matas con tu láser. —En tu bolso hay uno... —Una imitación de juguete. Los androides no pueden usar un láser —Rachael bostezó, con los ojos nuevamente cerrados. Rick se acercó a la cama. Rachael se echó y se retorció hasta quedar boca abajo, con el rostro hundido en la blanca sábana bajera. —Es una cama limpia, noble, virginal —dijo—. Sólo una niña limpia, noble, virginal... —reflexionó—. Los androides no pueden tener niños. ¿Es una pérdida grave? Rick la desnudó del todo, dejando expuestas sus nalgas claras y frescas.
—¿Es una pérdida? —repitió ella—. No puedo saberlo. ¿Cómo es tener un hijo? ¿Y cómo es nacer? Nosotros no nacemos, no crecemos. En lugar de morir de vejez o enfermedad nos vamos desgastando. Como hormigas, eso es lo que somos. No hablo de ti, sino de mí. Máquinas quitinosas, con reflejos, que no viven de verdad — movió la cabeza de lado y dijo en voz sonora—: ¡No estoy viva! No te vas a acostar con una mujer. No te decepciones, ¿quieres? ¿Alguna vez has hecho el amor con una androide?
—No —respondió él mientras se quitaba la camisa y la corbata. —Me han dicho que es bueno si no piensas demasiado. Si lo piensas, no sale. Por razones...hm, fisiológicas. El la besó en el hombro desnudo.
—Gracias, Rick —dijo suavemente—. Recuerda: ven y no pienses. No te pongas filosófico. Porque filosóficamente es aburrido. Para los dos.
—Más tarde iré a buscar a Roy Baty —dijo él—. Y necesitaré que me acompañes. Sé que el láser que tienes en tu bolso es...
—¿Crees que retiraré a algún androide en tu lugar? —Creo que, pese a lo que me has dicho, me ayudarás en todo lo que puedas. De otro modo no estarías ahora en esta cama.
—Me gustas —respondió Rachael—. Si entrara en una habitación y viera un sillón tapizado con tu piel marcaría un punto muy alto en la escala de Voigt-Kampff.
Esta noche retiraré a una androide Nexus-6 que es exactamente igual a esta chica desnuda, pensó Rick mientras apagaba la luz. Dios mío, es lo que decía Phil Resch. Primero acuéstate con ella, luego mátala.
—No puedo —dijo, retrocediendo. —Yo quisiera —dijo Rachael. Le temblaba la voz.
—No es por ti. Es por Pris Stratton, y por lo que debo hacerle. —No somos la misma. Y a mí no me importa Pris Stratton. Oye —Rachael giró y se incorporó: en la penumbra, Rick podía distinguir la figura elegante de pequeños senos—.
Ven, y yo me ocuparé de la Stratton, ¿quieres? No es posible estar tan cerca y que luego... —Gracias —replicó Rick. El agradecimiento, debido en parte al bourbon, sin duda, le hizo un nudo en la garganta. Dos, pensó. Sólo debo retirar a dos. A los Baty. ¿Lo haría Rachael? Evidentemente. Los androides pensaban y actuaban así. Y sin embargo, jamás había visto nada igual. —Ven a la cama. Pronto —ordenó Rachael. Rick se metió en la cama.


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sábado, 22 de octubre de 2011

Lo Fatal de Rubén Darío

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...



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viernes, 21 de octubre de 2011

Porque resulta que soy libre de Leonard Cohen

Todos conspiran para hacerme libre
Yo intenté sumarme a sus argumentos
pero había muy Pocas actitudes
y yo necesitaba bastantes
         El abandonar a la muchacha adorable
no fue idea mía
pero ella se quedó dormida en la cama de alguien
         Ahora más que nunca
deseo tener enemigos
         Vosotros que florecéis
en el fácil mundo del amor moderno
tened cuidado conmigo
porque he desarrollado una terrible virginidad
y al encontrarse conmigo
todos aquellos que hayan sobrepasado el beso
perecerán sumidos en la vergüenza
con verrugas y pelos en las palmas de sus manos
           Ya va siendo hora de que nuestros mejores hombres mueran
en el error y la iluminación
Moisés vigilando
David en su casa de sangre
Camus junto al río
            Mis nuevas leyes favorecen
no el satori sino la perfección
por fin por fin
             los judíos que van
demasiado lejos en el Sabbath
serán lapidados
             Los católicos que blasfemen
sufrirán la electricidad aplicada
a sus genitales
             Los budistas que adquieren propiedades
serán aserrados por la mitad
             Los malos protestantes
tienen gobiernos
para hacerles la vida imposible
             ¡Ah! el universo vuelve al orden
Los nuevos rascacielos de Montreal
se chulean de los aparcamientos
como los ganadores de un concurso de higiene
             una suite de encendidas ventanas aquí y allá
como una Banda de Primera Clase
otorgada como premio a una limpieza esmerada
             Una muchacha que conocí
duerme en alguna cama
y de todas las cosas bonitas
que podría decir digo ésta
             veo su cuerpo desconcertado
por las impresiones de las bocas
de todos los besos de todos los hombres
que ha conocido
              como un piano arrabalero
anillado por años de vasos de cocktail
y mientras ella se da cuenta y tintinea
en la encantadora vieja y pecaminosa danza
               yo camino bajo
la rubia lluvia de noviembre
castigándola con mi felicidad



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jueves, 20 de octubre de 2011

El embargo (poema en Castúo) de José María Gabriel y Galán


Señol jues, pasi usté más alanti
  y que entrin tos esos.
  No le dé a usté ansia
  no le dé a usté mieo...
Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto!
Embargal, embargal los avíos,
  que aquí no hay dinero:
  lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
  y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
  ya me está sobrando,
  ya me está jediendo.
Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
  y esa segureja
  y ese cacho e liendro...
¡Jerramientas, que no quedi una!
  ¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
  ni esa segureja
  ni ese cacho e liendro...
¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
  si alguno de esos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s'ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
  cuatro mesis vivo
  y una noche muerto!...
Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
  porque aquí lo jinco
  delanti usté mesmo.
  Lleváisoslo todu,
  todu, menus eso,
  que esas mantas tienin
  suol de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
  ca ves que las güelo!...


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miércoles, 19 de octubre de 2011

El Cuaderno Gris (fragmento) de Josep Pla


Si compro una máquina de afeitar que me venden como si fuese el último modelo, resulta que todo el mundo la tiene.Si voy a un restaurante que se acaba de abrir y que me ha recomendado una persona tenida por experta, constato que todo el mundo ha ido con más o menos provecho-habiendo suscitado,generalmente,mucha crítica.
Ésta es una ciudad en que todo el mundo lo sabe todo, que lo ha leído todo, que lo tiene todo, que lo ha visto todo.Sospecho que es una ciudad muy pequeña pero no estoy muy seguro.Encargado de la sección de Sucesos de un diario,un día, a las siete de la tarde,vi el cadáver de un hombre en la calle de la Cadena-muerto a consecuencia de un atentado social-.A las siete y media se lo dije a un amigo:ya lo sabía.Si tenéis la suerte privilegiada de que un poeta oscuro y extraordinario os lea sus versos inéditos y tenéis la debilidad-una debilidad puramente destinada a aumentar el optimismo literario-de comunicar la noticia a algún amigo,hacéis un papel ridículo.Los versos misteriosos son conocidos y valorados.
No soy muy sensible a las sorpresas-porque no espero ninguna, naturalmente-.Sin embargo, cuando en Barcelona encontráis a un ignorante-de una cosa o de otra-aquilatado y auténtico,es una delicia. Por desgracia, no hay muchos.Vamos tirando en medio de personas notoriamente enteradas.


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martes, 18 de octubre de 2011

Eso era Amor de Ángel González

Le comenté:
-Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
               -¿Te gustan solos o con rimel?
-Grandes, respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas



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