sábado, 10 de diciembre de 2011

El Tren Expreso de Oliverio Girondo

                                                    
A D.Gabriel Alomar

Los vagones resbalan
sobre los trastes de la vía,
para cantar en sus dos cuerdas
la reciedumbre del paisaje.

Campos de piedra,
donde las vidas sacan
una mano amenazante
de bajo tierra.

Jamelgos que llevan
una vida de asceta,
con objeto de entrar
en la plaza de toros.

Chanchos enloquecidos de flacura
que se creen una Salomé
porque tienen las nalgas muy rosadas.

Sobre la cresta de los peñones,
vestidas de primera comunión,
las casas de los aldeanos se arrodillan
a los pies de la iglesia,
se aprietan unas a otras,
la levantan
como si fuera una custodia,
se anestesian de siesta
y de repiqueteo de campana.

A riesgo de que el viaje termine para siempre,
la locomotora hace pasar las piedras
a diez y seis kilómetros
y cuando ya no puede más,
se detiene, jadeante.

A veces <<suele>> acontecer
que precisamente allí
se encuentra una estación.

¡Campanas! ¡Silbidos! ¡Gritos!;
y el maquinista, que se despide siete veces
del jefe de la estación;
y el loro, que es el único pasajero que protesta
por las catorce horas de retardo;
y las chicas que vienen a ver pasar el tren
porque es lo único que pasa.

De repente,
los vagones resbalan
sobre los trastes de la vía,
para cantar en sus dos cuerdas
la reciedumbre del paisaje.

Campos de piedra
de donde las vides sacan
una mano amenazante
de bajo tierra.

Jamelgos que llevan
una vida de asceta,
con objeto de entrar
en la plaza de toros.

Chanchos enloquecidos de flacura
que se creen una Salomé
porque tienen las nalgas muy rosadas.

En los compartimentos de primera,
las butacas nos atornillan sus elásticos
y nos descorchan un riñon,
en tanto que las arañas
realizan sus ejercicios de bombero
alrededor de la lamparilla
que se incendia en el techo.

A riesgo de que el viaje termine para siempre
la locomotora hace pasar las piedras
a diez y seis kilómetros,
y cuando ya no puede más,
se detiene, jadeante.

¿Llegaremos al alba,
o mañana al atardecer…?
A través de la borra de las ventanillas,
el crespúculo espanta
a los rebaños de sombras
que salen de abajo de las rocas
mientras nos vamos sepultando
en una luz de catacumba.

Se oye:
el canto de las mujeres
que mondan las legumbres
del puchero de pasado mañana;
el ronquido de los soldados
que, sin saber por qué,
nos trae la seguridad
de que se han sacado los botines;
los números del extracto de lotería,
que todos los pasajeros aprenden de memoria,
pues en los quioscos no han hallado
ninguna otra cosa para leer.

¡Si al menos pudiéramos arrimar un ojo
a alguno de los agujeritos que hay en el cielo!

¡Campanas! ¡Silbidos! ¡Gritos!;
y el maquinista, que se despide siete veces
del jefe de la estación;
y el loro, que es el único pasajero que protesta
por las catorce horas de retardo;
y las chicas que vienen a ver pasar el tren
porque es lo único que pasa.

De repente,
los vagones resbalan
sobre los trastes de la vía,
para cantar en sus dos cuerdas
la reciedumbre del paisaje.

¿España? ¿1870?...¿1923?...


ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/

viernes, 9 de diciembre de 2011

Contra Jaime Gil de Biedma de Jaime Gil de Biedma

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.
Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
Si no fueses tan puta!
Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.
A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!



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jueves, 8 de diciembre de 2011

El Bosque Animado ( fragmento ) de Wenceslao Fernández Flórez



Los primeros que sienten la llegada de la noche son los árboles. Se van quedando quietos y toda la fraga enmudece. Desde fuera se ven ya como grutas de sombra en el verdor y las copas más altas se recortan sobre el cielo tan inmóviles como si estuviesen pintadas. Cuando los cuervos y las palomas torcaces llegan desee muy lejos a reposar entre la fronda, ya el bosque tiene una gravedad impresionante en la que el simple chillido de un pájaro suena irreverentemente como el grito de un niño en una catedral . Todos los animalitos están ya en sus guaridas y el raposo no ha salido aún. La humedad de la tierra sube en neblinas, como si el mundo se comenzase a desleír antes de convertirse en sombra.
La luz se hace todavía más tenue, y entonces se formula la segunda premisa de la noche. Los tejados del pazo y de la cada del cura principian a humear murciélagos por sus bordes. Casi invisibles aún, van y vienen, vienen y van, zigzaguean, apresurados, porque están zurciendo las sombras dispersas para que no quede claridad ni rendija en el traje negro de la noche.
Después apenas ocurre nada más. Sobre aquella pizarra oscura el rio se entretiene en dibujar su curso con blanco de bruma, y las casas se cierran, y una luz parpadea a través del follaje. Acaso un amarillo resplandor luce entre troncos rectos o desborda de una corredoira, porque alguien pasa aún llevando una antorcha de paja. Luego toda la tierra se queda misteriosa, expectante y vacía, como un teatro donde ha terminado una representación y se espera a actores distintos que traen otros trajes y otra voz y precisan otras decoraciones.
Es entonces cuando junto al tronco hueco de un castaño o en el borde de un tojal el fantasma de la fraga se yergue y despereza e inicia su recorrido.
Y es cuando este pequeño mundo aldeano no tiene otros señores que los perros..
Los hombre duermen; pero han dejado en los campos su siembra, y en los hórreos sus frutos, y en todas partes su Ley. Y su Ley es ciega, sorda e inútil como un ídolo de piedra si no tiene a su lado una garganta que la recuerde y un arma que obligue al respeto.


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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Pedro Páramo ( fragmento ) de Juan Rulfo


Estoy acostada en la misma cama donde murió mi madre hace ya muchos años; sobre el mismo colchón; bajo la misma cobija de lana negra con la cual nos envolvíamos las dos para dormir. Entonces yo dormía a su lado, en un lugarcito que ella me hacía debajo de sus brazos.
Creo sentir todavía el golpe pausado de su respiración; las palpitaciones y suspiros con que ella arrullaba mi sueño... Creo sentir la pena de su muerte...
Pero esto es falso. Estoy aquí, boca arriba, pensando en aquel tiempo para olvidar mi soledad. Porque no estoy acostada sólo por un rato. Y ni en la cama de mi madre, sino dentro de un cajón negro como el que se usa para enterrar a los muertos. Porque estoy muerta.

Siento el lugar en que estoy y pienso...Pienso cuando maduraban los limones. En el viento de febrero que rompía los tallos de los helechos, antes que el abandono los secara; los limones maduros que llenaban con su olor el viejo patio. El viento bajaba de las montañas en las mañanas de febrero. Y las nubes se quedaban allá arriba en espera de que el tiempo bueno las hiciera bajar al valle; mientras tanto dejaban vacío el cielo azul, dejaban que la luz cayera en el juego del viento haciendo círculos sobre la tierra, removiendo el polvo y batiendo las ramas de los naranjos. Y los gorriones reían; picoteaban las hojas que el aire hacía caer, y reían; dejaban sus plumas entre las espinas de las ramas y perseguían a las mariposas y reían. Era esa época.

En febrero, cuando las mañanas estaban llenas de viento, de gorriones y de luz azul. Me acuerdo. Mi madre murió entonces. Que yo debía haber gritado; que mis manos tenían que haberse hecho pedazos estrujando su desesperación. Así hubieras tú querido que fuera. Pero ¿acaso no era alegre aquella mañana? Por la puerta abierta entraba el aire, quebrando las guías de la yedra.
En mis piernas comenzaba a crecer el vello entre las venas, y mis manos temblaban tibias al tocar mis senos. Los gorriones jugaban. En las lomas se mecían las espigas. Me dio lástima que ella ya no volviera a ver el juego del viento en los jazmines; que cerrara sus ojos a la luz de los días. Pero ¿por qué iba a llorar?
¿Te acuerdas, Justina? Acomodaste las sillas a lo largo del corredor para que la gente que viniera a verla esperara su turno. Estuvieron vacías. Y mi madre sola, en medio de los cirios; su cara pálida y sus dientes blancos asomándose apenitas entre sus labios morados, endurecidos por la amoratada muerte. Sus pestañas ya quietas; quieto ya su corazón. Tú y yo allí, rezando rezos interminables, sin que ella oyera nada, sin que tú y yo oyéramos nada, todo perdido en la sonoridad del viento debajo de la noche. Planchaste su vestido negro, almidonado el cuello y el puño de sus mangas para que sus manos se vieran nuevas, cruzadas sobre su pecho muerto; su viejo pecho amoroso sobre el que dormí en un tiempo y que me dio de comer y que palpitó para arrullar mis sueños.
Nadie vino a verla. Así estuvo mejor. La muerte no se reparte como si fuera un bien. Nadie anda en busca de tristezas.


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martes, 6 de diciembre de 2011

Preferencias de Andrés Trapiello

Ni las cumbres sublimes ni los ríos
que no han sido ensuciados por los hombres;
ni los palacios ni las blancas ruinas
de los templos antiguos, ni los dioses
de mármol o bronce, iguales todos,
ni la alada victoria ni un bugatti,
y menos aún la música y el baile,
con sus amanerados sacerdotes:
ninguna de esas cosas y de otras
tan admiradas por los más sensibles
y que tienen que ver con el buen gusto
me proporciona una emoción profunda.
Si acaso, los hangares en desuso,
las estaciones fuera de servicio,
el laberinto de las fundiciones,
el brumoso extrarradio, un descampado
en el que sólo puede comprenderse
la perpleja tristeza de los hombres,
y los ríos que arrastran su miseria,
oscuros, majestuosos y solemnes,
y las descomunales escombreras.



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lunes, 5 de diciembre de 2011

El Capitán Alatriste (fragmento) de Arturo Pérez-Reverte







































No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio, y había luchado como soldado de los tercios viejos en las guerras de Flandes. Cuando lo conocí malvivía en Madrid, alquilándose por cuatro maravedís en trabajos de poco lustre, a menudo en calidad de espadachín por cuenta de otros que no tenían la destreza o los arrestos para solventar sus propias querellas. Ya saben: un marido cornudo por aquí, un pleito o una herencia dudosa por allá, deudas de juego pagadas a medias y algunos etcéteras más. Ahora es fácil criticar eso; pero en aquellos tiempos la capital de las Españas era un lugar donde la vida había que buscársela a salto de mata, en una esquina, entre el brillo de dos aceros. En todo esto Diego Alatriste se desempeñaba con holgura. Tenía mucha destreza a la hora de tirar de espada, y manejaba mejor, con el disimulo de la zurda, esa daga estrecha y larga llamada por algunos vizcaína, con que los reñidores profesionales se ayudaban a menudo. Una de cal y otra de vizcaína, solía decirse. El adversario estaba ocupado largando y parando estocadas con fina esgrima, y de pronto le venía por abajo, a las tripas, una cuchillada corta como un relámpago que no daba tiempo ni a pedir confesión. Sí. Ya he dicho a vuestras mercedes que eran años duros.


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domingo, 4 de diciembre de 2011

El bosque animado ( fragmento ) de Wenceslao Fernández Flórez




Estamos aquí para afirmar una vez más el derecho que nos asiste al dominio total y exclusivo de la tierra. El mundo fue creado únicamente para nosotras, y buena prueba de ello es que casi todos los demás seres trabajan, y si no trabajasen morirían. Trabaja el hombre y el tigre y el elefante y los pájaros que hacen su nido, y el escarabajo que fabrica su bola y cava su agujero, y la odiosa araña que urde su tela... Y los que no trabajan, como los parásitos, necesitan que trabaje otro ser, o, si son vegetales, quedan a expensas de los jugos de la tierra, como los árboles, o de los ciudadanos ajenos, como la patata y las habichuelas y el maíz. Todos esos usurpadores se agarran a la existencia con la ventosa del trabajo y en cuanto renunciasen a ella caerían en el abismo de la nada. No viven por derecho natural, sino apelando a una inteligencia más o menos amplia con la que burlan el desentendimiento en que los tiene la Naturaleza. Entran en la vida y se sostienen en ella con ganzúa, queridas hermanas: con la ganzúa de la inteligencia. ( Un fuerte ¿uuuh! De asentimiento corrió por el establo, casi todas las moscas abandonaron sus puestos, revolaron un poquito y , cuando se apaciguó su entusiasmo, se volvieron a posar.) – En cambio, nosotras- continuó Hu-HU- no necesitamos la inteligencia para nada y carecemos felizmente de ella, lo cual es una prueba de nuestra preeminencia. El resto de los seres creados dedica todas sus horas a la busca de alimentos, lo que hace que su vida sea monstruosa e inútil, puesto que la consagran a procurarse los medios de sostenerla y  se consumen en un círculo vicioso en el que la causa sostiene los efectos y los efectos sostienen la causa, sin que puedan salir de ahí. Pero una mosca encuentra siempre su alimento en cualquier parte, en el valle o en la montaña, en el campo o en la ciudad, en el desierto o entre muchedumbre, en el lodo de los caminos o en las porcelanas del comedor de un palacio, en la piel de una vaca o en la calva de un hombre. La Naturaleza tiene ubres repletas y múltiples para nosotras porque desea nuestro prevalecer. Porque, en tres palabras, somos sus elegidas:-¡Uuuh! ¡Uuuh!- zumbaron, enardecidas, las moscas.- No necesitamos el entendimiento para nada, y esa es nuestra supremacía: la inteligencia resulta peligrosa porque puede hacer que un individuo se sobreponga a los demás individuos o un pueblo a otros pueblos no por la razón natural del número, sino por mañanas nacidas en el interior de la cabeza. Entre nosotras no hay nadie que descuelle, nadie que se distinga ni en un punto de las demás; todas tenemos la misma presencia sencilla, la misma figura sin variantes, el mismo color pardo, que es el que conviene a nuestro pueblo. Pudiera decirse que nuestras alas, nuestras patas, todo cuanto nos forma está fabricado en serie. Con esto nos evitó la Naturaleza tremendos disgustos y las grandes preocupaciones que padecen los animales que se diferencian entre sí, que son ( con leves excepciones) todos los demás. En el Pueblo Pardo, los padres no conocen a sus hijos ni los hijos a sus padres, y si fuese posible que una mosca se enamorase de otra mosca, al separarse de ella ( lo que ocurre bien rápidamente) no la volvería a conocer. ¿Qué significa esto? Esto significa algo de enorme trascendencia. Significa, compañeras, que hemos realizado completa, perfectamente, la igualdad y la fraternidad sociales. ( Los ¡uuuh!, se hacen frenéticos. Las moscas que están en el lomo del buey alzan el vuelo para hacer demostraciones de conformidad.) – Todas somos una y la misma- siguió la oradora-;lo que hago yo, lo puedes hacer tú, lo que vale ésta es lo que vale aquélla, no tenemos reinas, como las abejas, ni jefes, como las manadas y los rebaños salvajes, ni guías, como las grullas cuando emigran... Ninguna autoridad, en fin: sólo la masa inmensa, sólo el pueblo.  Y en este sistema feliz hemos prosperado tanto que podemos presentar, sin que las rebata nadie, nuestras pretensiones al dominio del mundo.


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sábado, 3 de diciembre de 2011

Su amor no era sencillo de Mario Benedetti




Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.


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viernes, 2 de diciembre de 2011

Sudor y látigo de Nicolás Guillén


Látigo,
sudor y látigo.

El sol despertó temprano
y encontró al negro descalzo,
desnudo el cuerpo llagado,
sobre el campo.

Látigo,
sudor y látigo.

El viento pasó gritando:
- ¡Qué flor negra en cada mano!
La sangre le dijo: ¡vamos!
Él dijo a la sangre: ¡vamos!
Partió en su sangre, descalzo.
El cañaveral, temblando,
le abrió paso.

Después, el cielo callado,
y bajo el cielo, el esclavo
tinto en la sangre del amo.

Látigo,
sudor y látigo,
tinto en la sangre del amo;
látigo,
sudor y látigo;
tinto en la sangre del amo,
tinto en la sangre del amo



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jueves, 1 de diciembre de 2011

La Conquista de la Inocencia de Jesús Lizano

Resulta que soy un niño,
que todo
ha ido haciéndome un niño,
que el sufrimiento y la alegría me han hecho un niño,
que como un niño
todo lo he ido transformando en sueños,
jugando con mis sueños y con mis versos,
resistiendo con ellos,
que contemplar todos los mundos me ha hecho un niño,
que yo iba como todos para ser un hombre
y las fronteras me han hecho un niño,
los fingimientos y los límites:
todo me ha hecho un niño;
que la locura me ha hecho un niño,
verla, palparla,
a través de todos los disfraces y de todas las máscaras,
que el asalto de la razón a todo lo que vive
me ha hecho un niño,
que sorprenderme por todo me ha hecho un niño,
desear un vivir que sobre todo fuera una aventura,
que me ha hecho un niño
el engaño de cuantos han crecido,
que les hacían hombres
las trampas de los dominantes,
que dejas de ser niño cuando te conviertes en dominante,
que el dominio de las abstracciones me ha hecho un niño,
que al parecer eso es ser hombre,
que he preferido ser un niño
para salvar todo lo creativo,
que mi mundo
no es de este reino perdido,
para dar a los sentidos lo que es de los sentidos,
al instinto lo que es del instinto,
que los sueños me han hecho un niño,
que no podía vivir si no era un niño
que me ahogaban las órdenes y las leyes.
Resulta que muchos de los que se hicieron hombres
y no buscaron la inocencia,
al final de sus vidas
recuerdan con nostalgia lo que tuvieron de niño,
porque a ser hombre llaman
vivir en un mundo de dominantes
y sometidos,
que la soledad me ha hecho un niño,
que el darlo todo y el haberlo perdido
me ha hecho un niño,
que he sido un poeta maldito porque soy un niño,
que me ha hecho un niño
ver que lo único importante
es buscar la inocencia entre la astucia,
que cuando he amado
me he convertido en un niño,
que comprender que hay víctimas pero no culpables
me ha hecho un niño,
que por ser un niño
mantengo la ilusión a pesar de los desencantos
y de la sangre derramada
entre las trampas y los mitos,
que ver cómo caemos todos en las innumerables trampas
me ha hecho un niño,
y que de no ser un niño
nunca hubiera nacido en mí la rebeldía,
que es preciso
comenzar a rebelarse a uno mismo,
no seguir la consigna de ser un hombre,
que soy poeta porque conquisto la inocencia
cada vez que abro los ojos y contemplo las cosas,
que a ser niño
es lo único que he aprendido
y porque observo que todos los seres
con el mismo destino:
nacer para la muerte,
no dejan de ser niños:
que un pájaro siempre es un niño,
que un árbol siempre es un niño,
que un perro siempre es un niño.
Y porque pienso qué es un hombre
si deja de ser niño,
que se equivocan las escuelas
que intentan hacernos hombres
prometiéndonos falsos paraísos,
que la anarquía sólo será posible
cuando todos fuéramos niños,
cuando todos partamos
a la conquista de la inocencia,
que escribo este poema
porque resulta que soy un niño…



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miércoles, 30 de noviembre de 2011

La frontera del arte (fragmento) de El libro de los abrazos de Eduardo Galeano





Fue la batalla más larga de cuantas se pelearon en

Tuscatlán o en cualquier otra región de El Salvador.

Empezó a la medianoche, cuando las primeras granadas
cayeron sobre la loma, y duró toda la noche y hasta
la tarde del día siguiente. Los militares decían que
Cinquera era inexpugnable. Cuatro veces la habían asaltado
los guerrilleros, y cuatro veces habían fracasado.
La quinta vez, cuando se alzó la bandera blanca en el
mástil de la comandancia, los tiros al aire empezaron
los festejos.
Julio Ama, que peleaba y fotografiaba la guerra, andaba
caminando por las calles. Llevaba su fusil en la
mano y la cámara, también cargada y lista para disparar,
colgada del cuello. Andaba Julio por las calles, polvorientas,
en busca de los hermanos gemelos. Esos gemelos
eran los únicos sobrevivientes de una aldea exterminada
por el ejército. Tenían dieciséis años. Les gustaba
combatir junto a Julio: y en las entreguerras, él les
enseñaba a leer y a fotografiar. En el torbellino de esa
batalla, Julio había perdido a los gemelos, y ahora no
los veía entre los vivos ni entre los muertos.

Caminó a través del parque. En la esquina de la iglesia,
se metió en un callejón. Y entonces, por fin, los encontr
ó. Uno de los gemelos estaba sentado en el suelo,
de espaldas contra un muro. Sobre sus rodillas, yacía el
otro, bañado en sangre; y a los pies, en cruz, estaban los
dos fusiles.
Julio se acercó, quizá dijo algo. El gemelo que vivía no
dijo nada, ni se movió: estaba allí, pero no estaba. Sus
ojos, que no pestañaban, miraban sin ver, perdidos en
alguna parte, en ninguna parte: y en esa cara sin lágrimas
estaba toda la guerra y estaba todo el dolor.
Julio dejó su fusil en el suelo y empuñó la cámara.
Corrió la película, calculó en un santiamén la luz y la
distancia y puso en foco la imagen. Los hermanos estaban
en el centro del visor, inmóviles, perfectamente recortados
contra el muro recién mordido por las balas.
Julio iba a tomar la foto de su vida, pero el dedo no
quiso. Julio lo intentó, volvió a intentarlo, y el dedo no
quiso. Entonces, bajó la cámara, sin apretar el disparador,
y se retiró en silencio.
La cámara, una Minolta, murió en otra batalla, ahogada
en lluvia, un año después.

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martes, 29 de noviembre de 2011

La poesía es un arma cargada de futuro de Gabriel Celaya





Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.



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lunes, 28 de noviembre de 2011

No te quiero sino porque te quiero de Pablo Neruda





No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.

Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.

Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.

En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego



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domingo, 27 de noviembre de 2011

Cazador blanco corazón negro (fragmento) de Peter Viertel




Creo que hay dos maneras de vivir. Una consiste en arrastrarse, lamer culos e intentar agradar. Escribir finales felices, firmar los contratos que te ofrezcan a largo plazo. No correr nunca riesgos con nada. Pasar por la vida abrumado por las preocupaciones. Coger el tren y el barco. No volar nunca. No superar nunca los sesenta kilómetros por hora al volante, ni siquiera con neumáticos Life Guard. No salir nunca de Hollywood. Y ahorrar todo tu puto dinero. Ahorrar cada centavo que puedas. Para que cuando seas un cincuentón de aspecto saludable, mueras de un derrame cerebral porque lo que hubiera de salvaje en tu interior se te haya comido los músculos del corazón. Esa es una opción. Es agradable, cómoda y segura. Dormirás siempre en una cama limpia, y nunca enfermarás de sífilis, y tampoco crearás nada más allá de impecables e hipócritas personajes incapaces de proyectar sombra. La otra es la mía, o la que al menos he intentado que fuera la mía la mayor parte del tiempo. Al carajo con las consecuencias. Ande yo caliente, ríase la gente. Gástate el dinero. Vuela con Air France porque te sirven champaña. Rechaza contratos. Enfréntate al tío que puede cortarte el cuello y adula al pequeño hijo de puta indefenso que cuelga del hilo que tú manejas.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Destino de Miguel Labordeta





Lo sabéis amigos
no volveremos más.
La virtud de la lluvia
se aniquila en los soles
y el viento entre las flores
se sumerge en la sangre de los toros.
Sólo los viejos vagabundos al morir
pueden saber quizá
el secreto de la hora derramada
y el porqué de la mujer húmeda en estío.
Pero nosotros no. No podemos volver.
Es imposible calavera mariposa
el tiempo entre la niebla seducido.
Somos nosotros mismos
el ritmo pereciente
y nuestro gesto
la invisible caracola de la muerte
primavera pura aniquilada
en incesantes mundos destruidos.
Nada más. Tan sólo eso.
Un levantar baldío de los brazos
para recoger el mar que se nos huye
pletórico de ahogados y de olvidos.
Un lamento también
y un querer crear agujeros
en el agua mansa de los recién nacidos.
Mientras os alejáis
cantando juventudes
yo permanezco aquí
mudo y atónito
como un muerto inmortal
soñando vida inmensa
y una antigua e inconcebible libertad.
No volveremos más.
Es cierto amigos.
Atardece.
La estatua el árbol la hormiga
y esta pena mía tan hermosa
se confunden en la mente ignorada de las manos.
35 segundos han pasado en mi reloj de Pulsera.



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viernes, 25 de noviembre de 2011

Tú, indomable...de Paul Auster





Tú, indomable
en este flujo terrestre:
tú, donde las últimas semillas
auguran cercanía:
tú harás sonar
el delirio coral
de la memoria, e irás
por el camino de los ojos. No te queda
otra, ni más larga, salida: desde el instante
en que te cortes
las venas, las raíces comenzarán
a recitar la masacre
de las piedras. Vivirás. Construirás tu casa
aquí: olvidarás
tu nombre. La tierra
es el único exilio.



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jueves, 24 de noviembre de 2011

Amor constante más allá de la muerte...de Francisco de Quevedo





Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas, que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán cenizas, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.



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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Walking around de Pablo Neruda





Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos,
aterido, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.



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El lugar del crimen de Luis García Montero ( último verso del poema en la canción Ya Ves)

Más allá de la sombra
te delatan tus ojos,
y te adivino tersa,
como un mapa extendido
de asombro y de deseo.
Date por muerta
amor,
es un atraco.
Tus labios o la vida.

martes, 22 de noviembre de 2011

Y la muerte perderá su dominio... de Dylan Thomas





Y la muerte perderá su dominio.
Los muertos desnudos serán un solo muerto.
Con el hombre en el viento y la Luna de occidente;
cuando se descarnen los huesos y desaparezcan los huesos.
Donde hubo codos y pies aparecerán estrellas.
Y aunque se sumerjan en profundas aguas tendrán que resurgir.
Y aunque los amantes se extravíen perdurará el amor.
Y la muerte perderá su dominio.

Y la muerte perderá su dominio.
Bajo los remolinos del mar
aquellos que yazgan largamente no morirán en la tempestad
retorciéndose en el tormento, cuando cedan los tendones
atados a una rueda no podrán destrozarse;
entre sus manos la fe se romperá en dos
y el Unicornio del mal los atravesará.
Y hendidos por todas partes no se desmembrarán.
Y la muerte perderá su dominio.

Y la muerte perderá su dominio.
Nunca más las gaviotas gritarán en sus oídos
o se romperán las olas tumultuosamente en la ribera;
allí donde se abrió una flor nunca más otra flor
ofrecerá su cabeza a los golpes de la lluvia.
Y aún locas o muertas como clavos
atravesarán la margaritas con sus cabezas de señoras;
irrumpiendo sobre el Sol hasta que el Sol se desprenda.
Y la muerte perderá su dominio



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lunes, 21 de noviembre de 2011

Me retracto de todo lo dicho de Nicanor Parra



Antes de despedirme
Tengo derecho a un último deseo:
Generoso lector
                             quema este libro
No representa 1o que quise decir
A pesar de que fue escrito con sangre
No representa lo que quise decir.

Mi situación no puede ser más triste
Fui derrotado por mi propia sombra:
Las palabras se vengaron de mí.

Perdóname lector
Amistoso lector
Que no me pueda despedir de ti
Con un abrazo fiel:
Me despido de ti
con una triste sonrisa forzada.

Puede que yo no sea más que eso
pero oye mi última palabra:
Me retracto de todo lo dicho.
Con la mayor amargura del mundo
Me retracto de todo lo que he dicho



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domingo, 20 de noviembre de 2011

Gotán de Juan Gelman



Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.
Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.
Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.
Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.



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sábado, 19 de noviembre de 2011

Rostro de vos de Mario Benedetti



Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de ultimo vagón
tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor
sin un temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos
estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición
mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos
pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan a su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada
las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada
ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.



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viernes, 18 de noviembre de 2011

Canción de cuna para dormir a un preso de José Hierro

La gaviota sobre el pinar.
(La mar resuena.)
Se acerca el sueño. Dormirás,
soñarás, aunque no lo quieras.
La gaviota sobre el pinar
goteado todo de estrellas.

      Duerme. Ya tienes en tus manos
el azul de la noche inmensa.
No hay más que sombra. Arriba, luna.
Peter Pan por las alamedas.
Sobre ciervos de lomo verde
la niña ciega.
Ya tú eres hombre, ya te duermes,
mi amigo, ea...

     Duerme, mi amigo. Vuela un cuervo
sobre la luna, y la degüella.
La mar está cerca de ti,
muerde tus piernas.
No es verdad que tú seas hombre;
eres un niño que no sueña.
No es verdad que tú hayas sufrido:
son cuentos tristes que te cuentan.
Duerme. La sombra toda es tuya,
mi amigo, ea...

     Eres un niño que está serio.
Perdió la risa y no la encuentra.
Será que habrá caído al mar,
la habrá comido una ballena.
Duerme, mi amigo, que te acunen
campanillas y panderetas,
flautas de caña de son vago
amanecidas en la niebla.

     No es verdad que te pese el alma.
El alma es aire y humo y seda.
La noche es vasta. Tiene espacios
para volar por donde quieras,
para llegar al alba y ver
las aguas frías que despiertan,
las rocas grises, como el casco
que tú llevabas a la guerra.
La noche es amplia, duerme, amigo,
mi amigo, ea...

     La noche es bella, está desnuda,
no tiene límites ni rejas.
No es verdad que tú hayas sufrido,
son cuentos tristes que te cuentan.
Tú eres un niño que está triste,
eres un niño que no sueña.
Y la gaviota está esperando
para venir cuando te duermas.
Duerme, ya tienes en tus manos
el azul de la noche inmensa.
Duerme, mi amigo...
                                            Ya se duerme
mi amigo, ea...



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jueves, 17 de noviembre de 2011

Galileo Galilei (fragmento) de Bertolt Brecht


SAGREDO. — No vayas a Florencia, Galilei.
GALILEI. — ¿Por qué no?
SAGREDO. — Porque allí gobiernan los monjes.
GALILEI. — En la corte florentina hay eruditos de nombre.
SAGREDO. — Lacayos.
GALILEI. — A ésos los tomaré de la cabeza y los arrastraré hasta el anteojo. También los monjes son seres humanos, Sagredo. También ellos capitulan ante la seducción de los hechos. No debes olvidar que Copérnico exigió que creyeran [25] a sus números, yo sólo exigiré que crean a sus propios ojos. Si la verdad es tan débil para defenderse a sí misma debe entonces pasar al ataque. Los tomaré de las cabezas y los obligaré a mirar por este anteojo.
SAGREDO. — Galilei, te veo tomar por el mal camino. Cuando el hombre vislumbra la verdad sobreviene la noche del infortunio y la hora de la ofuscación suena cuando ese hombre cree en la razón de las criaturas humanas. ¿De quién se dice que marcha con los ojos abiertos? Precisamente de aquel que camina hacia su perdición. ¿Cómo podrían dejar libre los poderosos a alguien que posee la verdad? ¿Aunque esa verdad sea dicha acerca de las más lejanas estrellas? ¿O crees tú acaso que el Papa oye tu verdad cuando tú dices que él está errado, y no oye al mismo tiempo que efectivamente está errado? ¿Crees acaso que sin más ni más escribirá en su diario: 10 de enero de 1610, hoy ha sido abolido el cielo? ¿Cómo puedes partir de la República con la verdad en el bolsillo para caer en las garras de príncipes y monjes con tu anteojo en la mano? Así como eres de desconfiado en tu ciencia así eres crédulo como un niño con todo lo que crees que te falicitaría medios para su cultivo. No crees en Aristóteles pero sí en el Gran Duque de Florencia. Cuando hace unos momentos te veía mirar por el anteojo y contemplar esos nuevos planetas, fue para mí como si te viera en medio de las llamaradas de la hoguera, y cuando dijiste que creías en las pruebas me pareció oler carne quemada. Tengo un gran aprecio por la ciencia, pero más por ti, mi querido amigo. ¡No vayas a Florencia, Galilei!
      GALILEI. — Si ellos me aceptan, allá iré.


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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Por tierras de España de Antonio Machado

El hombre de estos campos que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.
Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.
Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.
Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.
El numen de estos campos es sanguinario y fiero:
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.
Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta
—no fue por estos campos el bíblico jardín—:
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.

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martes, 15 de noviembre de 2011

No era la Muerte, pues yo estaba de pie... de Emily Dickinson



No era la Muerte, pues yo estaba de pie
Y todos los muertos están acostados,
No era de noche, pues todas las campanas
Agitaban sus badajos a mediodía.

No había helada, pues en mi piel
Sentí sirocos reptar,
Ni había fuego, pues mis pies de mármol
Podían helar un santuario.

Y, sin embargo, se parecían a todas
Las figuras que yo había visto
Ordenadas para un entierro
Que rememoraba como el mío.

Como si mi vida fuera recortada
Y calzada en un marco
Y no pudiera respirar sin una llave
Y era como si fuera medianoche

Cuando todo lo que late se detiene
Y el espacio mira a su alrededor
La espeluznante helada, primer otoño que llora,
Repele la apaleada tierra.

Pero todo como el caos,
Interminable, insolente,
Sin esperanza, sin mástil
Ni siquiera un informe de la tierra
Para justificar la desesperación



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lunes, 14 de noviembre de 2011

Ama, ama y ama de Manolillo Chinato



Quisiera que mi voz fuera tan fuerte
que a veces retumbaran las montañas
y escucharais las mentes social adormecidas
las palabras de amor de mi garganta.

Vivís en una noche sin estrellas,
andáis un mismo camino cuan orugas,
y os vais dejando pudrir en las entrañas
los caminos de libertad de vuestra alma.

Hay que dejar el camino social alquitranado
porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas.
Hay que volar libre al sol y al viento
repartiendo el amor que tengas dentro.

De pequeño me impusieron las costumbres,
me educaron para hombre adinerado,
pero ahora prefiero ser un indio
que un importante abogado.

Abrid las mentes y los brazos y repartíos,
que sólo os enseñaron el odio y la avaricia
y, yo quiero que todos como hermanos,
compartamos amores, lágrimas y sonrisas.

¡Ama, ama y ama y ensancha el alma!


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