lunes, 2 de enero de 2012
Pero el tiempo me había empobrecido de Rafael Cadenas
Mi único caudal eran los botines arrancados al miedo.
De tanto dormir con la muerte sentía mi eternidad. De noche deliraba en las rodillas de la belleza. Presa de tenaces anillos,
a pesar de mi parsimonioso continente de animal invicto me guardaba de la transitoriedad ínsita a mis actos.
Magnificencia de la ignorancia. Brujos solemnes habían auscultado mi cuerpo sin poder arribar a un dictamen. Sólo yo conocía
mi mal. Era -caso no infrecuente en los anales de los falsos desarrollos- la duda.
Yo nunca supe si fui escogido para trasladar revelaciones.
Nunca estuve seguro de mi cuerpo.
Nunca pude precisar si tenía una historia.
Yo ignoraba todo lo concerniente a mí ya mis ancestros.
Nunca creí que mis ojos, orejas, boca, nariz, piel, movimientos, gustos, dilecciones, aversiones me pertenecían enteramente.
Yo apenas sospechaba que había tierra, luz, agua, aire, que vivía y que estaba obligado a llevar mi cuerpo de un lado a otro, alimentándolo, limpiándolo, cuidándolo para que luciera presentable en el animado concierto de la honorabilidad ciudadana.
Mi mal era irrescatable.
Me sentía solo. Necesitaba a mi lado una mujer silenciosa, paciente y dúctil que me rodease con una voz.
Yo era un rey de infranqueable designio, de voluntad educada para la recepción del acatamiento, de pretensiones que hacían sonreír a los duendes.
Un rey niño.
Cuando advino, inopinadamente, una era de pobreza, perdí mi serenidad.
Mis pasiones absolutas -entre ellas el amor, que para mí era totalidad- fueron barridas.
En suma, yo era una pregunta condenada a no calzar el signo de interrogación. O un navío que se transformaba en fosforescente penacho de dragón. O una nube que se demudaba conforme al movimiento.
Habitaba un lugar indeciso.
Mi historia era un largo recuento de inauditas torpezas, de infértiles averiguaciones, de fabulosas fábricas.
Un dios cobarde usurpaba mis aras.
Él había degollado el amor frente a una reluciente laguna, en un bosque de caobos. Huía mugiendo sábanas ensangrentadas. Escapaba del recinto feliz. Las nubes eran símbolos zoológicos de mi destierro.
El amor me conducía con inocencia hacia la destrucción.
El odio, como a mis mayores, me fortalecía.
Pero yo era generoso y sabía reír.
Como no soportaba la claridad, dispuse entre anaranjados estertores de sol mi regreso hacia el final. Las aguas me condujeron como el sensitivo lleva la pesadilla. Volví insomne al lugar de la ficción.
ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/
domingo, 1 de enero de 2012
Mundos Disueltos ( II.A la disolución, poema extraido) de Pilar Blanco
-voz de huracán, estímulo
devastador y cierto,
brasa sin extinguir, inhalado
aroma de tormenta-.
Yo que he sido alentar antes que desaliento,
que agua fugitiva que nunca frena el paso
ni detiene
su tranquilo fluir que la lluvia alimenta
y el olvido.
He llegado hasta aquí,
fronda que encubre el alma y la reviste,
tejido de nostalgia
enraizado en el ayer, en antes
en el prisma infinito del pasado.
Yo que escalé paredes bruñidas como espejos,
yo que alcancé la luna- transparencia a mis pies
y polvo errante-,
que crucé desde un extremo a otro
el océano azul donde tu voz manaba
y se creaba el dios
de uno para sí mismo y su reflejo,
donde tiene su fuente
el dolor, y los besos son líquidos.
Yo-célula, yo-piel,
yo alimento esta oscura
noche de las mil noches,
prolongo este vacío, exploro sus ojales
restituyo
el deseo al cajón de los sueños perdidos.
Hundida en este fango que no tiene caminos
ni tiempos en que peerderse
una vez más,
me siento disolver y mis venas se astillan
y son luz
sábado, 31 de diciembre de 2011
Canción de Navidad de Silvio Rodriguez
El fin de año huele a compras,
enhorabuenas y postales
con votos de renovación;
y yo que sé del otro mundo
que pide vida en los portales,
me doy a hacer una canción.
La gente luce estar de acuerdo,
maravillosamente todo
parece afín al celebrar.
Unos festejan sus millones,
otros la camisita limpia
y hay quien no sabe qué es brindar.
Mi canción no es del cielo,
las estrellas, la luna,
porque a ti te la entrego,
que no tienes ninguna.
Mi canción no es tan sólo
de quien pueda escucharla,
porque a veces el sordo
lleva más para amarla.
Tener no es signo de malvado
y no tener tampoco es prueba
de que acompañe la virtud;
pero el que nace bien parado,
en procurarse lo que anhela
no tiene que invertir salud.
Por eso canto a quien no escucha,
a quien no dejan escucharme,
a quien ya nunca me escuchó:
al que su cotidiana lucha
me da razones para amarle:
a aquel que nadie le cantó.
ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/
viernes, 30 de diciembre de 2011
El anti-ciprés de Pedro Jesús de la Peña
Una vez planté un ciprés.
De mi tamaño.
Verja le dí, no tapia.
Agua y luz.
Malvarrosa cobijo en las adelfas
y sobre el ficus verde compañía.
Lo ví crecer
llamado a ser más alto
que mis generaciones,
varón y hembra a la vez
capaz de autoengendrarse.
Le ví mirarme
por las rendijas de la luna enorme,
en solitaria noche descampado,
y abrazarse a mi cuerpo como enjuto
perro de caza anclado en sus raíces.
Nacidos juntos y a la vez diversos
ninguna muerte iluminó su sombra
ni fundaron en él los cuerpos nido.
Me dio lo que le dí:
origen y conciencia de la belleza arbórea.
Era un ciprés para la vida.
ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/
jueves, 29 de diciembre de 2011
Canción de la muerte de José de Espronceda
Débil mortal no te asuste
mi oscuridad ni mi nombre;
en mi seno encuentra el hombre
un término a su pesar.
Yo, compasiva, te ofrezco
lejos del mundo un asilo,
donde a mi sombra tranquilo
para siempre duerma en paz.
Isla yo soy del reposo
en medio el mar de la vida,
y el marinero allí olvida
la tormenta que pasó;
allí convidan al sueño
aguas puras sin murmullo,
allí se duerme al arrullo
de una brisa sin rumor.
Soy melancólico sauce
que su ramaje doliente
inclina sobre la frente
que arrugara el padecer,
y aduerme al hombre, y sus sienes
con fresco jugo rocía
mientras el ala sombría
bate el olvido sobre él.
Soy la virgen misteriosa
de los últimos amores,
y ofrezco un lecho de flores,
sin espina ni dolor,
y amante doy mi cariño
sin vanidad ni falsía;
no doy placer ni alegría,
más es eterno mi amor.
En mi la ciencia enmudece,
en mi concluye la duda
y árida, clara, desnuda,
enseño yo la verdad;
y de la vida y la muerte
al sabio muestro el arcano
cuando al fin abre mi mano
la puerta a la eternidad.
Ven y tu ardiente cabeza
entre mis manos reposa;
tu sueño, madre amorosa;
eterno regalaré;
ven y yace para siempre
en blanca cama mullida,
donde el silencio convida
al reposo y al no ser.
Deja que inquieten al hombre
que loco al mundo se lanza;
mentiras de la esperanza,
recuerdos del bien que huyó;
mentiras son sus amores,
mentiras son sus victorias,
y son mentiras sus glorias,
y mentira su ilusión.
Cierre mi mano piadosa
tus ojos al blanco sueño,
y empape suave beleño
tus lágrimas de dolor.
Yo calmaré tu quebranto
y tus dolientes gemidos,
apagando los latidos
de tu herido corazón.
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miércoles, 28 de diciembre de 2011
Ergo bibamus de Johann Wolfgang von Goethe
Unidos aquí estamos para una acción laudable;
por tanto, hermanos míos, arriba. Ergo bibamus!
Resuenen nuestros vasos y callen nuestras lenguas;
levantar vuestras almas muy bien. Ergo bibamus!
He aquí una sentencia tan vieja como sabia;
conserva su vigencia hoy lo mismo que antaño,
y un eco nos aporta de espléndidos festines,
esta jovial y grata consigna: Ergo bibamus!
Hoy he visto a mi dulce amada placentera;
al punto fui y me dije: "Bueno está. Ergo bibamus!"
Me acerqué sin recelo y ella me acogió bien.
Y entonces repetí mi alegre Ergo bibamus!
Mas lo mismo si os mima y os acaricia y besa,
que si nos niega adusta su corazón y brazos,
¿qué recurso nos queda, mientras no nos sonríe,
que de nuevo apelar al viejo Ergo bibamus!
De los amigos lejos cruel destino me lleva.
¡Oh fieles camaradas! ¿Qué hacer? Ergo bibamus!
Ya me marcho cargado con liviano bagaje;
quiere decir se impone un doble Ergo bibamus!
Y aunque a veces el cuerpo la carcoma nos roa,
nunca de la alegría vacío el tesoro hallamos;
que el alegre al alegre suele prestar rumboso,
así que, hermanos mios, ¡venga un Ergo bibamus!
Ahora bien: ¿qué debemos cantar en este día?
¡Yo tan sólo pensaba cantar Ergo bibamus!
Pero recuero ahora su especial importancia;
así que alzar las voces. De nuevo Ergo bibamus!
Este día se nos mete la dicha por la puerta;
resplandecen las nubes, tiembla el trigo dorado;
y una imagen divina brilla ante nuestros ojos;
así que alegremente cantad Ergo bibamus!
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martes, 27 de diciembre de 2011
Para amar correctamente a una funambulista de Tito Muñoz
Júrale que tu amor es para siempremientras le das un ramo de leopardos.Móntala a lomos del mayor elefante,hazle un triple mortal con siete manos.Sumérgete en su mar de lentejuelas,en la rejilla de sus medias vencidas,dispara tu sonrisa de hombre bala,atraviesa sereno sus zarcillos en llamas.Saca pañuelos de seda por la boca,que parezcan palabras enlazadas,aguanta en la nariz una pelota,haz el payaso de las bofetadas.Le encantará que metas la cabezaentre las fauces del león de guardia,que tu silueta la dibujen puñales,que camines sin red por la alambrada.Después, el carromato colorado,la mirada traviesa de la mujer barbuda,el riesgo de la altura y los enanoste llevarán al vértigo que anhelas.El mayor espectáculo del mundo te aguarda entre sus piernas.
ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/
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lunes, 26 de diciembre de 2011
El Eclipse de Augusto Monterroso
Cuando fray Bartolomé Arrazola se
sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de
Guatemala lo había apresado implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica
se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna
esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante,
particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto
condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el
celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado
por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo
ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que
descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían
conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas
palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea
que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo
conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse
total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para
engañar a sus opresores y salvar la vida.
“Si me matáis” les dijo “puedo
hacer que el sol se oscurezca en su altura”.
Los indígenas lo miraron
fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se
produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de
fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los
sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de
los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una,
las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los
astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la
valiosa ayuda de Aristóteles.
ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/
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domingo, 25 de diciembre de 2011
El niño cinco mil millones de Mario Benedetti
Sin embargo, el verdadero niño Cinco Mil Millones no fue homenajeado ni filmado ni acaso tuvo energías para su primer llanto. Mucho antes de nacer ya tenía hambre. Un hambre atroz. Un hambre vieja. Cuando por fin movió sus dedos, éstos tocaron tierra seca. Cuarteada y seca. Tierra con grietas y esqueletos de perros o de camellos o de vacas. También con el esqueleto del niño 4,999,999,999.
El verdadero niño Cinco Mil Millones tenía hambre y sed, pero su madre tenía más hambre y más sed y sus pechos oscuros eran como tierra exahusta. Junto a ella, el abuelo del niño tenía hambre y sed más antiguas aún y ya no encontraba en si mismo ganas de pensar o creer.
Una semana después el niño Cinco Mil Millones era un minúsculo esqueleto y en consecuencia disminuyó en algo el horrible riesgo de que el planeta llegara a estar superpoblado
ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/
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sábado, 24 de diciembre de 2011
Las personas curvas de Jesús Lizano
A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo
y la tierra es curva
y el movimiento es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.
A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños; curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva.
El día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!
Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.
Y la paciencia es curva.
El pan es curvo
y la metralla recta.
No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
a mí me gustan los maestros curvos,
las maestras curvas.
No los dioses rectos:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!
El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas.
Vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.
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viernes, 23 de diciembre de 2011
Tiempo mezquino de Claudio Rodriguez
Hoy con el viento del Norte
me ha venido aquella historia.
Mal andaban por entonces
mis pies y peor mi boca
en aquella ciudad de hosco
censo, de miseria y de honra.
Entre la vieja costumbre
de rapiña y de lisonja,
de pobre encuesta y de saldo
barato, iba ya muy coja
mi juventud. ¿Por qué lo hice?
Me avergüenzo de mi boca
no por aquellas palabras
sino por aquella boca
que besó. ¿Qué tiempo hace
de ello? ¿Quién me lo reprocha?
Un sabor a almendra amarga
queda, un sabor a carcoma;
sabor a traición, a cuerpo
vendido, a caricia pocha.
Ojalá el tiempo tan sólo
fuera lo que se ama. Se odia
y es tiempo también. Y es canto.
Te odié entonces y hoy me importa
recordarte, verte enfrente
sin que nadie nos socorra
y amarte otra vez, y odiarte
de nuevo. Te beso ahora
y te traiciono ahora sobre
tu cuerpo. ¿Quién no negocia
con lo poco que posee?
Si ayer fue venta, hoy es compra;
mañana, arrepentimiento.
No es la sola hora la aurora.
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jueves, 22 de diciembre de 2011
Insomnio de Dámaso Alonso
Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo
en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros,
o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán,
ladrando como un perro enfurecido,
fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios,
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad
de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?
ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos de Cesare Pavese
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esa muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, cara esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.
ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.
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martes, 20 de diciembre de 2011
No volveré a ser joven de Jaime Gil de Biedma
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra
collage de Garbi KW http://www.garbikw.com/
Me va la vida en ello de Luis Eduardo Aute (interpretada por Silvio Rodriguez)
Contiene los versos inspirados en este poema:
Cierto que cuando aprendí que la vida iba en serio
quise quemarla deprisa jugando con fuego
lunes, 19 de diciembre de 2011
Humana voz de Vicente Aleixandre
Duele la cicatriz de la luz,
duele en el suelo la misma sombra de los dientes,
duele todo,
hasta el zapato triste que se lo llevó el río.
Duelen las plumas del gallo,
de tantos colores
que la frente no sabe qué postura tomar
ante el rojo cruel del poniente.
Duele el alma amarilla o una avellana lenta,
la que rodó mejilla abajo cuando estábamos dentro del agua
y las lágrimas no se sentían más que al tacto.
Duele la avispa fraudulenta
que a veces bajo la tetilla izquierda
imita un corazón o un latido,
amarilla como el azufre no tocado
o las manos del muerto a quien queríamos.
Duele la habitación como la caja del pecho,
donde las palomas blancas como sangre
pasan bajo la piel sin pararse en los labios
a hundirse en las entrañas con sus alas cerradas.
Duele el día, la noche,
duele el viento gemido,
duele la ira o espada seca,
aquello que se besa cuando es de noche.
Tristeza. Duele el candor, la ciencia,
el hierro, la cintura,
los límites y esos brazos abiertos, horizonte
como corona contra las sienes.
Duele el dolor. Te amo.
Duele, duele. Te amo.
Duele la tierra o uña,
espejo en que estas letras se reflejan.
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domingo, 18 de diciembre de 2011
Panfleto de Amadeo Rojo Morientes
Vuela hojarasca, agita rincones
Un eco responde, al grito que pide
Terminen temores
Reclaman consuelo , en noches febriles
Durante su lucha, alzan remolinos
Suenan estertores
Vuela hojarasca agita rincones
Descubre entre el polvo, huraños los nombres
De tantos y tantos que siguen atentos
Los hechos que cuentan de ayer los panfletos
Mañana en papeles se ve, se refleja
Que falta una silla, que sobra en la mesa
Un cuadro pintado, parece Magritte
No avanza la hora del reloj de Dalí
Todo es aun más lento, parece mentira
Contar sin palabras tanta fantasía
Un árbol desnudo marcado resiste
Son tantas las flechas que siente su herida
Se pierde hojarasca llegado el otoño
sábado, 17 de diciembre de 2011
El Dolor de León Felipe
No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube...
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre...
He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
[me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
"y la luz con el dolor de tus ojos".
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.
collage de Garbi KW http://www.garbikw.com/
viernes, 16 de diciembre de 2011
Las partículas elementales (fragmento) de Michel Houellebecq
Según el testimonio de las escasas personas que vieron a Djerzinski en Irlanda durante las últimas semanas, parecía sentir una especie de aceptación. Su rostro ansioso e inestable se había serenado. Andaba durante mucho tiempo y sin meta precisa por la Sky Road, daba largospaseos de soñador; caminaba en presencia del cielo. La carretera del oeste serpenteaba a lo largo de las colinas, alternativamente abrupta y suave. El mar resplandecía, refractaba una luz cambiante sobre los últimos islotes rocosos. En rápida deriva sobre el horizonte, las nubes
formaban una masa luminosa y confusa, como una extraña presencia material. Caminaba durante mucho tiempo, sin esfuerzo, con el rostro bañado en una bruma acuática y ligera. Sabía que sus trabajos estaban terminados. En la habitación que había transformado en despacho, cuya ventana daba a la punta de Errislannan, había puesto en orden sus notas; varios centenares de páginas que trataban de los temas más variados. El resultado de sus trabajos científicos propiamente dichos cabía en ochenta páginas mecanografiadas; no había juzgado necesario detallar los cálculos.
El 27 de marzo del 2009, al caer la tarde, fue a la oficina de correos de Galway. Envió un ejemplar de sus trabajos a la Academia de Ciencias de París y otro a la revista Nature, en Gran Bretaña. Sobre lo que ocurrió después, no hay ninguna certeza. El hecho de que encontraran
su coche junto a Aughrus Point reforzó la hipótesis del suicidio, sobre todo porque ni Walcott ni ningún técnico del centro se mostraron realmente sorprendidos por este desenlace. «Había en él algo espantosamente triste», declaró Walcott; «creo que era el ser más triste que he conocido en mi vida, y aun así la palabra tristeza me parece demasiado suave; más bien debería decir que había en él algo destruido, completamente arrasado. Siempre tuve la impresión de que la vida era una carga para él, que ya no sentía el menor vínculo con ninguna cosa viva. Creo que resistió justo el tiempo necesario para acabar sus trabajos, y que ninguno de nosotros puede siquiera imaginar el esfuerzo que eso le costó.»
Sin embargo, el misterio siguió rodeando la desaparición de Djerzinski, y el hecho de que nunca encontrasen su cuerpo dio pie a una leyenda tenaz según la cual se habría marchado a Asia, en concreto al Tibet, para contrastar sus trabajos con ciertas enseñanzas de la tradición
budista. Esta hipótesis se ha visto unánimemente rechazada en la actualidad. Por una parte, no se ha podido descubrir la menor huella de un pasaje aéreo fuera de Irlanda; por otra parte, los dibujos trazados en las últimas páginas de su cuaderno de notas, que durante cierto tiempo se tomaron por mándalas, fueron finalmente identificados como combinaciones de símbolos celtas semejantes a los que se encuentran en el Book of Kells.
Ahora creemos que Michel Djerzinski encontró la muerte en Irlanda, en el mismo lugar que eligió para vivir sus últimos años. Creemos también que cuando terminó sus trabajos, sintiéndose desprovisto de cualquier lazo humano, decidió morir. Numerosos testimonios dan fe de su fascinación por ese último extremo del mundo occidental, constantemente bañado en una luz cambiante y suave, por el que tanto le gustaba pasear; donde, como escribió en una de sus últimas notas, «el cielo, la luz y el agua se confunden». Actualmente creemos que Michel Djerzinski se adentró en el mar.
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jueves, 15 de diciembre de 2011
miércoles, 14 de diciembre de 2011
La conjura de los necios (fragmento) de John Kennedy Toole
Es evidente que una zona como el Barrio Francés no es el
medio adecuado para un joven de buenas costumbres, casto, prudente e
impresionable como vuestro chico trabajador. ¿Habrían sido capaces de superar
tales obstáculos Edison, Ford y Rockefeller?
La mente diabólica de Clyde no se ha detenido en una
humillación tan simple, sin embargo. Como supuestamente he de manejar lo que
Clyde llama “El mercado turístico”, se me ha ataviado con una especie de
disfraz.
[ A juzgar por los clientes que he tenido este primer día en
la nueva ruta, los “turistas” parecen ser los mismos viejos vagabundos a
quienes vendía en el barrio comercial. En un estupor provocado por el vino
infecto, han ido bajando sin duda al Barrio Francés y así, para la mente senil
de Clyde, quedan clasificados como “turistas”. Me pregunto si Clyde habrá
tenido siquiera una oportunidad de ver a los fracasados, a los vagabundos
andrajosos que compran los productos Paraíso y, al parecer, subsisten a base de
ellos. Entre los otros vendedores ( itinerantes achacosos y enfermos que se
llaman más o menos Camarada, Viejo, Tío, Campeón y As) y mis clientes, estoy,
al parecer, atrapado en un limo de almas perdidas. Sin embargo, el simple hecho
de que hayan alcanzado estrepitosos fracasos en nuestro siglo, les da una
cierta calidad espiritual. En realidad, pueden ser (esas andrajosas
ruinas) los santos de nuestra época:
Viejos negros maravillosamente machacados de tostados ojos; vagabundos tronados
venidos de los páramos de Texas y de Oklahoma; campesinos arruinados que buscan
refugio en pensiones urbanas infestadas de roedores.
“Sin embarbo, espero que en mi senectud no tenga que
depender de las salchichas para mi manutención. La venta de mis obras
literarias quizás aporte algún beneficio. En caso necesario, siempre podría
recurrir al circuito de conferencias, siguiendo los pasos de esa espectral
M.Minkoff, cuyas ofensas a la decencia y el buen gusto ya han sido descritas a
los lectores con detalle, a fin de extirpar los disparates e indecencias que
habrá esparcido ella por las diversas salas de conferencias del país. Pero
quizás haya alguna persona de calidad entre el público de su primera
conferencia que la agarre y la baje del estrado y la azote un poquito en sus
zonas erógenas. Pese a las cualidades espirituales que esta chica pueda poseer,
los barrios bajos son, sin duda alguna, algo que está por debajo del nivel
aceptable en cuestión de comodidad material, y dudo seriamente que mi físico
sólido y bien formado se adaptase fácilmente a dormir en las callejuelas.
Tendería más bien, sin duda, a utilizar los bancos de los parques. En
consecuencia, mi propio tamaño es una salvaguarda contra esta tendencia mía a
hundirme cada vez más profundamente dentro de la estructura de nuestra
sociedad. (No creo, en realidad, que uno tenga necesariamente que rascar el
fondo, como si dijésemos para poder enfocar subjetivamente a su sociedad. En
vez de moverse verticalmente hacia abajo, uno debe moverse horizontalmente
hacia fuera, hacia un punto lo suficientemente distanciado donde no quede inevitablemente
desterrad un mínimo de comodidad material. En esa posición estaba yo – al
margen mismo de nuestra era- cuando la intemperancia cataclismática de mi
madre, como el lector bien sabe, me catapultó al remolino febril de la vida contemporánea,.
Para ser absolutamente sincero, he de decir que, desde entonces, las cosas han
ido de mal en peor. La situación se ha deteriorado . Minkoff, me llama
desapasionada, se ha vuelto contra mi, Hasta mi madre, el agente de mi
destrucción, ha empezado a morder la mano que la alimenta. El ciclo es cada vez
más bajo. ¡ Oh, Fortuna, sombra caprichosa! ) Personalmente, he descubierto que
la falta de comida y de comodidades, en vez de ennoblecer el espíritu, crea
sólo ansiedad dentro de a psique humana y canaliza los mejores impulsos del
individuo únicamente hacia el fin de lograr algo que comer, Aunque tengo una
Rica Vida Interior, preciso tener también algo de comida y alguna que otra
comodidad.]
Pero volvamos a la cuestión que nos ocupa: la venganza de
Clyde. El vendedor que tenía antes la ruta del Barrio Francés, llevaba un
absurdo atuendo de pirata, un guiño de Vendedores Paraíso al folklore y la
historia de Nueva Orleáns, una tentativa clydiana de relacionar la salchicha
con la leyenda criolla, Clyde me obligó a probármelo en el garaje. El traje,
claro está, había sido confeccionado según las medidas de la constitución
tuberculosa y subdesarrollada del antiguo vendedor, y pese a los muchos
tirones, inhalaciones y esfuerzos, fue imposible encerrar en él mi cuerpo
musculoso. Hubo de llegar, en consecuencia, a una especie de compromiso. Até en
mi gorra el pañuelo pirata de satén rojo. Me atornillé en el lóbulo izquierdo
el pendiente dorado, una versión grandes almacenes. Fijé el sable negro de
plástico al costado de mi ropón blanco de vendedor con un imperdible. Un pirata
muy poco impresionante, dirán los lectores. Sin embargo, cuando me contemplé en
el espejo, hube de admitir que tenía un aspecto sobrecogedor y dramático.
Blandiendo el sable de plástico hacia Clyde, grité: “¡Salid a la pasarela,
almirante, es un motín!” Esto, debería haberme dado cuenta fue demasiado para
su mentalidad literal y salchichesca. Se asustó muchísimo y procedió a atacarme
con su tenedor, como un chuzo. Evolucionamos por el garaje como dos
espadachines en una película histórica particularmente inepta, durante unos
instantes, tenedor y sable repiqueteando uno contra otro demencialmente.
Dándome cuente de que mi arma de plástico no podía igualar a un largo tenedor
esgrimido por un matusalén alucinado, comprendiendo que estaba despertando los
peores instintos de Clyde, intenté poner fin a aquel pequeño duelo. Pronuncié
palabras pacificadoras, rogué, me rendí por último. Aún así, Clyde seguía
asediándome, mi disfraz de pirata le parecía tan perfecto que al parecer le
había convencido de que habíamos vuelto a los tiempos dorados de la vieja Nueva
Orlean romántica, cuando los caballeros decidían las cuestiones de honor
salchichesco a veinte pasos. Fue entonces cuando se encendió la luz en mi mente
compleja. Sé que Clyde intentaba, en realidad, matarme. Habría sido una excusa
perfecta: defensa propia. Me había puesto e sus manos. Por suerte para mí caí
al suelo. Me había apoyado en uno de los carros, perdí mi equilibrio, siempre
precario y me desplomé. Aunque me di un golpe en la cabeza, bastante doloroso
por cierto, contra el carro, grité afablemente desde el suelo: “Ganasteis vos,
caballero”. Luego, en silencio, rendí homenaje a la Fortuna Clemente que me había
librado de morir trinchado con un tenedor herrumbroso.
ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/
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martes, 13 de diciembre de 2011
Palabras para Julia de José Agustín Goytisolo
Hija mía, es mejor vivir
con la alegría de los hombres,
que llorar ante el muro ciego.
con la alegría de los hombres,
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto,
que es un asunto desgraciado.
que la vida no tiene objeto,
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
Un hombre sólo, una mujer
así, tomados de uno en uno,
son como polvo, no son nada.
así, tomados de uno en uno,
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti,
cuando te escribo estas palabras,
pienso también en otros hombres.
cuando te escribo estas palabras,
pienso también en otros hombres.
Tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos.
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
tu canción entre sus canciones.
que les ayude tu alegría,
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares,
tendrás amor, tendrás amigos.
como a pesar de los pesares,
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname, no sé decirte
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre, siempre, acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
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lunes, 12 de diciembre de 2011
La voz a ti debida de Pedro Salinas
Tú vives siempre en tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas.
De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.
Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar.
Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.
Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
-la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.
ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/
domingo, 11 de diciembre de 2011
El paraíso perdido (fragmento) de John Milton
- Tronos y potencias imperiales, hijos del cielo, virtudes
etéreas ¿debemos renunciar a nuestros títulos, y cambiando de estilo, llamarnos
príncipes del infierno? Porque según veo, el voto popular se inclina a
permanecer aquí y fundar en este sitio un imperio creciente; pero sin duda
cuando incurrimos en este error ignoramos que el Rey del cielo nos ha designado
este lugar, este calabozo, no como un retiro seguro, fuera del alcance de su brazo
poderosos, para vivir en él exento de la alta jurisdicción del cielo en una
nueva liga, formada contra su trono, sino para permanecer en la mas estrecha
esclavitud, aunque tan lejos de él, y bajo el yugo ineludible reservado a su
cautiva multitud? En canto a él, tened por cierto que tanto en la altura de los
cielos como en l profundidad del abismo reinará el primero y el último, como único
rey no habiendo perdido por nuestra rebelión ni una pequeña parte de su reino. Extenderá
aun más su imperio sobre el infierno, y nos gobernará aquí con un cetro de
hierro, como gobierna a los habitantes del cielo con un cetro de oro.
¿A qué viene , pues, permanecer aquí, deliberando sobre la
paz o la guerra? Nos determinamos por esto, y hemos sido destrozados con una pérdida
irreparable. Nadie ha solicitado o implorado aun condiciones de paz, porque ¿cuál
sería la que se concediese a nosotros, los esclavos, sino duros calabozos, y
golpes, y castigos arbitrariamente impuestos? Y ¿qué paz podemos dar en cambio,
sino la que está en nuestro poder, es decir, hostilidades y odio, repugnancia
invencible, y venganza, aunque tardía, y conspirando siempre, buscar los medios
de que el conquistador se aproveche menos de su conquista, y pueda recrearse
menos en los tormentos que sufrimos y sentimos más? No nos faltará la ocasión;
no tendremos necesidad de aventurar una expedición peligrosa para invadir el
cielo cuyas altas murallas no temen sitio ni asalto, ni las emboscadas del
infierno!
¿No podríamos encontrar otro medio más fácil? Si la antigua y profética
tradición del cielo no es falsa, existe un lugar, otro mundo, morada dichosa de
una nueva criatura llamada Hombre. En estos tiempos, a poca diferencia, ha
debido ser creada semejante a nosotros, aunque menos en poder y en excelencia:
pero más favorecida por aquel que lo dirige todo allá arriba. Tal ha sido la
voluntad del Todopoderoso declarada ante los dioses y que confirmó un juramento
que conmovió a toda la circunferencia del cielo. Hacia ese sitio deben
dirigirse todos nuestros pensamientos a fin de saber qué criaturas habitan aquel
mundo, qué forma u qué sustancia son las suyas, cuál es su fuerza y su
debilidad, si pueden ser más bien atacados por el engaño que por la fuerza. Aunque
el cielo esté cerrado para nosotros, y su soberano árbitro tenga en él su
seguro asiento confiado en sus propias fuerzas, la nueva morada puede estar
abierta en los confines más remotos del reino de ese Monarca, y abandonada a la
defensa de los que la habitan: allí podríamos quizá llevar a cabo alguna
aventura provechosa por medio de un previsto ataque, ya devastemos con el fuego
del Infierno su creación entera, ya nos apoderemos de ella como de nuestro
propio bien, y arrojemos del mismo modo que hemos sido arrojados a sus débiles
posesores: o si no le arrojamos, podremos atraerlos a nuestro partido de modo
que su Dios se convierta en su enemigo, y con una mano arrepentida destruya su
propia obra, Esto sería mucho mejor que una venganza ordinaria e interrumpiría
el placer que nuestra confusión causa al vencedor: de su turbación nacería
nuestro gozo, cuando viera que sus hijos queridos, precipitados en este sitio
para sufrir con nosotros, maldecirían su frágil ser, y su dicha tan pronto
marchita. Pensad si vale esto la pena de intentarse, o si debemos más bien
acurrucados en las tinieblas
ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/
ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/
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