sábado, 31 de marzo de 2012

Greguería de Ramón Gómez de la Serna



"No hay que tirarse desde demasiado alto para no arrepentirse por el camino"

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viernes, 30 de marzo de 2012

De mal - en peor de Miguel Hernández



"Dame, aunque se horroricen los gitanos
(dije una vez hablando a la serpiente,
con un deseo de pecar ferviente),
veneno activo el más de los manzanos."
 
Inauditos esfuerzos, soberanos,
ahora mi voluntad frecuentemente
hace por no caer en la pendiente
de mi gusto, mis ojos y mis manos.
 
Antes no me esforzaba y me caía;
y ahora que, con un tacto, un susto, un cuido,
voy sobre los cristales de este mundo,
 
no me levanto ni me acuesto día
que malvado cien veces no haya sido,
ni que caiga más vil y más profundo.

ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/  

Podemos encontrar los siguientes versos del poema: "no me levanto ni me acuesto día /que malvado cien veces no haya sido" en la canción Prometeo de Extremoduro de su disco Agila.


jueves, 29 de marzo de 2012

La Huelga de Pablo Neruda



Extraña era la fábrica inactiva
un silencio en la planta, una distancia
entre máquina y hombre, como un hilo
cortado entre planetas, un vacío
de las manos del hombre que consumen
el tiempo construyendo, y las desnudas
existencias sin trabajo y sin sonido

Cuando el hombre dejó la madriguera
de la turbina, cuando desprendió
los brazos de la hoguera y decayeron
las entrañas del horno, cuando sacó los ojos
de la rueda y la luz vertiginosa
se detuvo en su círculo invisible,
de todos los poderes poderosos,

de los círculos puros de potencia,
de la energía sobrecogedora,
quedó un montón de inútiles aceros
y en las salas sin hombres, el aire viudo
el solitario aroma del aceite.
Nada existía sin aquel fragmento golpeado,
sin el hombre de ropa desgarrada,
sin Ramírez, sin Antonio, sin Patiño, sin Suárez...
Nada existía, sin el hombre...


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miércoles, 28 de marzo de 2012

Los seres libres: Ave del paraiso (fragmento) de Ignacio Aldecoa



Los beatniks.
El Gran barbudo movía la testa, como un asno de noria, llevando el ritmo. Sus grandes manos de cerámica estaban expuestas sobre el mostrador. Entre las falanges de sus dedos índice y medio de la mano derecha un cigarrillo apuntaba una larga ceniza. La música de jazz anegaba el tempo y en todos los fieles había trance y desasimiento terrenal.
Los ojos de Ifigencia eran azucenas apenas podridas todavía, y los dulces e inquietantes ojos de los cabritillos bastardos pringaban de melancólicos licores las manos extrañas y acariciantes de los beatniks. Barcos llegaban a los afrodisíacos muelles del sur, y a los triste y silenciosos bazares multitudes de antepasados. Los extras del capitán Kid nadaban perdidos entre los derrelictos de los galeones. Babel había enmudecido y era una sucesión de lentos ademanes y ceremonias de hormigas mandarinas. El candor de las amapolas entre los trigos hacía que los rotos blue-jeans y los largos jerseys de lana basta y las baratas botas de goma y los cestos de pleita vacíos y los bolsillos sin dinero se transformaran en hogares cálidos, pechos, labios. Afuera comenzaba a soplar reposadamente el viento y en el bar olía a marihuana.
El Gran Barbudo cambió el disco y los feligreses suspiraron y se urgieron en los pedidos de bebidas. Hubo un movimiento de ola que abarcó a todos, que cabecearon, titubearon, pero no se desplazaron de sus lugares. El Gran Barbudo negó una copa aun muchacho terriblemente andrajoso hasta que la insistencia le compadeció e hizo que le sirvieran, acompañando el gesto de una retahíla de reconvenciones. Todos tenían un tope en la deuda, pero a veces se hacían excepciones. Al Gran Barbudo le gustaba el muchacho de los andrajos, que tenía algo de pescador mendigo y algo de animalillo irremisiblemente perdido y un poco de enredoso arbusto y otro poco de mineral noble y ensuciado. El Gran Barbudo tenía pasiones que no intentaba disimular pero que jamás llevaba a los actos.


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martes, 27 de marzo de 2012

Yo regalé de Gregory Corso



Yo regalé el cielo
junto a las estrellas los planetas las lunas
y también las nubes y los vientos del clima,
las formaciones de aviones,
la migración de las aves...

"¡De ninguna manera!" aullaron los árboles,
"¡Los pájaros cuando no vuelan son nuestros,
 no los puedes regalar!"

Entonces regalé los árboles
y el terreno que ellos habitan
y todas aquellas cosas que crecen
y se arrastran sobre él

"¡Un momento!" dijeron los mares,
"¡Las costas, las playas son nuestras,
los árboles para los barcos,
para los astilleros, nuestros!
 ¡No los puedes regalar!"

Por lo tanto regalé los mares
todas las cosas que los nadan,
los navegan...

"¡De ninguna manera! tronaron los dioses,
¡Todo lo que has regalado nos pertenece!
¡Nosotros lo creamos!
¡Incluso creamos a aquéllos como tú!"

Entonces fue cuando regalé  los dioses



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lunes, 26 de marzo de 2012

Vibración de Philip Lamantia



Hay un viento que tortura a los murciélagos
y están las plantas chamuscadas de los soles muertos
la ciudad hilada con el mar
donde los abismos de pterodáctilo me llaman
hay una espiral de terror animando mi mente
y el zumbido del esqueleto de la soledad
donde florecen cadáveres furiosos en una botella
y armas rojas se desvanecen en espejos

Miro hacia atrás por la hoja de mi doble
allí vuela - a través de su vista - El Ahorcado
donde una pirámide de agua se asoma entre las oscuras
vituallas de la vida interior



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domingo, 25 de marzo de 2012

Ciudad sin sueño de Federico García Lorca

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.



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sábado, 24 de marzo de 2012

Salmo de la cautividad de Josep Carner



Cada mirada nuestra está empañada;
cada palabra, esclava.
Nuestras vidas abate cada día
quien, por odio a la paz, nos unce al yugo.

¡Oh Dios, que con castigos nos adviertes.
Que el son de nuestro llanto dulce te suene.
Tus siervos aman estas piedras suyas,
se compadecen de su triste polvo.

Da a nuestros días savia de esperanza;
cruel es todo poder si tu mirada huye;
que te obedezca siempre quien a ti se confía:
destruido será quien se creía a salvo de tu enojo.

Tú, que aventajando en piedad a los jueces,
salvas con la mirada al condenado,
levanta los despojos de lo que un día fuimos,
danos alguna prenda de tu benignidad.

Dura el tiempo de prueba una jornada;
tu castigo, una noche.
Nunca será perpetuamente removida
la tierra que has creado.

Que se oiga nuestra voz, que hoy nos ahoga,
en cántico inmortal.
Salva, bajo columnas renacientes,
nuestro solar paterno.

Que el oro de tu asoleo
consuele los barrancos y corone la cima
cuando tu aliento nos retires
y en tierra nos conviertas de la que un día vinimos.



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viernes, 23 de marzo de 2012

Aullido por Carl Solomon, prólogo a "Aullido de Allen Ginsberg"


Cuando él era más joven y yo era más joven, conocí a Allen Ginsberg, joven poeta que vivía en Paterson, New Jersey, donde él —hijo de un conocido poeta— había nacido y crecido. Era de constitución frágil y estaba muy afectado por la forma en que la vida se había mostrado ante él en Nueva York, en los años que siguieron a la primera guerra mundial. Estaba siempre a punto de irse a alguna parte, no parecía importar dónde; me preocupaba, nunca pensé que fuera a vivir para crecer y escribir un libro de poemas. Su habilidad para sobrevivir, viajar y continuar escribiendo me deja atónito. El que haya seguido desarrollando y perfeccionando su arte no me resulta menos asombroso.


Ahora, quince o veinte años después, aparece con un poema impresionante. Según toda evidencia, ha estado, literalmente, en el infierno. Por el camino se encontró con un hombre llamado Carl Solomon, con el que compartió, entre los dientes y los excrementos de su vida, algo que no puede describirse más que con las palabras con las que él lo ha hecho. Es un alarido de derrota. Y no es en absoluto una derrota, ya que ha pasado por la derrota como si fuera una experiencia corriente, una experiencia trivial. Todo el mundo en esta vida es derrotado alguna vez, pero un hombre, si es un hombre, no es derrotado.



Es el poeta, Allen Ginsberg, el que ha pasado con su propio cuerpo a través de las horribles experiencias que describen la vida en estas páginas. Lo más asombroso de la cuestión no es el que haya sobrevivido, sino el que en las mismísimas profundidades haya encontrado un compañero al que poder amar, amor que canta en estos poemas sin apartar la vista. Podéis decir lo que queráis, pero nos demuestra que a pesar de las experiencias más degradantes que la vida puede ofrecer a un hombre, el espíritu del amor sobrevive para ennoblecer nuestras vidas, si tenemos la inteligencia, y el valor, y la fe, ¡y el arte! de perseverar.



Es la fe en el arte de la poesía la que ha ido de la mano de este hombre hasta su Gólgota desde aquel osario en todo punto semejante al de los judíos en la última guerra. Pero esto transcurre en nuestro propio país, una de nuestras más queridas guaridas. Estamos ciegos y vivimos nuestras ciegas vidas en total oscuridad. Los poetas están malditos, pero no están ciegos; ven con los ojos de los ángeles. Este poeta ve con toda lucidez los horrores, en los que participa en los detalles más íntimos de su poema. No elude nada sino que lo apura hasta las heces. Lo contiene. Lo reclama como suyo y, creemos, se ríe de ello y tiene el tiempo y la audacia de amar a un compañero de su elección y de dejar constancia de este amor en un buen poema. Remangaros las faldas, Señoras mías, vamos a atravesar el infierno.


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jueves, 22 de marzo de 2012

Lamentación del sin techo de Allen Ginsberg



Perdona, amigo, no quise molestarte
Pero volví de Vietnam
Donde maté a un montón de caballeros vietnamitas
Algunas damas también
Y no pude soportar el dolor
Y de miedo cogí un hábito
Y pasé por la rehaz y estoy limpio
Pero no tengo lugar donde dormir
Y no sé qué hacer
Conmigo ahora mismo

Lo siento, amigo, no quise molestarte
Pero hace frío en la calle
Y mi corazón está enfermo solo
Y estoy limpio, pero mi vida es un desastre
Tercera Avenida
Y calle E. Houston
En el paso peatonal bajo el semáforo en rojo
Limpio tu parabrisas con un trapo sucio



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miércoles, 21 de marzo de 2012

¿Cómo hacerlo? de Herve Graciet


Me gustaría darte la mano
pero dime como hacerlo si te vas al otro lado
me gustaría aceptar tus idas y tus vueltas
pero dime como hacerlo si no vuelves mañana
¿como hacerlo? ¿pero dime como hacerlo?
¿como hacerlo? ¿pero dime como hacerlo?
me gustaría asumir mi destino
pero dime como hacerlo si mañana no sirve para nada
me gustaría besarte los pezones
 pero dime como hacerlo si me aprietas las caderas
 ¿como hacerlo? ¿pero dime como hacerlo?

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Un día estarás tumbado...de Jack Kerouac



1
Un día estarás tumbado
allí en un delicioso trance
y de pronto una caliente
brocha enjabonada te será
aplicada en la cara
—lo tomarás a mal
—un día el
empleado de la funeraria te afeitará 


2
Dulce amor monstruañoso
De los mimos de mamá
¡Eh!
Llama Dios a la Madre
Para detener esta lucha 


3
Yo eso repetí & agoté
el metro & perdí 2 centavos
Yo que fui multado
Para ser gallardo
Y refinado
¡Ay!

Yo que fui
¡Aúúúú!
El búho
En la ventana 


4
Vieja cagada de perro navajo, tú
tus bienes son los mejores
bienes que he visto nunca ¿por qué
parece loco tu perro
cuando ladra?

¡Eh, sabueso!
no te comas crudo ese conejo muerto
delante de mis narices
—caliéntalo un poco



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martes, 20 de marzo de 2012

Fidelidad de Blas de Otero



Creo en el hombre. He visto 
espaldas astilladas a trallazos, 
almas cegadas avanzando a brincos 
(españas a caballo 
del dolor y del hambre). Y he creído. 
Creo en la paz. He visto 
altas estrellas, llameantes ámbitos 
amanecientes, incendiando ríos 
hondos, caudal humano 
hacia otra luz: he visto y he creído. 
Creo en ti, patria. Digo 
lo que he visto: relámpagos 
de rabia, amor en frío, y un cuchillo 

chillando, haciéndose pedazos 
de pan: aunque hoy hay sólo sombra, he visto
y he creído.

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lunes, 19 de marzo de 2012

Pasen y vean de Fernando Gamero ( Malandanza )

La vida es un pedazo de pan duro 
los dioses se han quedado sin ideas
el pobre pasa hambre de futuro
el rico tiene sed de lo que sea.

Pasen y vean.

El necio se hace dueño del destino
la guerra sigue ajando primaveras
la luna ya no escucha a los cretinos
que buscan una rubia que les quiera.

Pasen y vean.

El tiempo se derrama como un río
los besos son milagros que escasean
siempre hay uno diciendo que esto es mío
siempre hay otro dispuesto a la pelea.

Pasen y vean.

Un niño es la verdad que siempre duele
la muerte la mujer que más desea
los sueños son castillos de jueguete
que juegan a que nadie los posea.

Pasen y vean.

El hombre es una apuesta a lo perdido
el parado busca un lunes que le hiera
los de siempre pasan hambre y pasan frío
aunque menos si cambio de cadena.

Pasen y vean.

La tierra es una niña abandonada
al cielo no se entra sin tarjeta
te mato pero tú no digas nada
te amo mas no olvides tu cartera.

Pasen y vean.

Pasen y vean, acércate a quemarte con la hoguera.
Pasen y vean, es gratis aunque usted no se lo crea.
Pasen y vean, la vida vende entradas de primera.
Pasen y vean, un mundo con el mundo por montera
Pasen y vean, la mierda siempre es mierda aunque no huela.
Pasen y vean, quien tenga el manual que nos lo lea.


En el siguiente enlace encontrareis a Malandanza en directo en el Womad de Cáceres 2008


Más información sobre este grupo Extremeño:



domingo, 18 de marzo de 2012

Asturias de Pedro Garfias



Asturias, si yo pudiera,
si yo supiera cantarte...
Asturias verde de montes
y negra de minerales.
Yo soy un hombre del Sur
polvo, sol, fatiga y hambre,
hambre de pan y horizontes...
¡Hambre!
Bajo la piel resecada
ríos sólidos de sangre
y el corazón asfixiado
sin venas para aliviarte.
Los ojos ciegos, los ojos
ciegos de tanto mirarte
sin verte, Asturias lejana,
hija de mi misma madre.

Dos veces, dos, has tenido
ocasion para jugarte
la vida en una partida,
y las dos te la jugaste.
¿Quién derribará ese árbol
de Asturias, ya sin ramaje,
desnudo, seco, clavado
con su raíz entrañable
que corre por toda España
crispándonos de coraje?
Mirad, obreros del mundo
su silueta recortarse
contra este cielo impasible
vertical, inquebrantable,
firme sobre roca firme,
herida viva de su carne.

Millones de puños gritan
su cólera por los aires,
millones de corazones
golpean contra sus cárceles.

Prepara tu salto último
lívida muerte cobarde
prepara tu último salto
que Asturias está aguardándote
sola en mitad de la Tierra,
hija de mi misma madre.


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sábado, 17 de marzo de 2012

Soy el hombre delgado que no flaqueará jamás de Pedro Casariego Córdoba



Esta
vida
demasiado
plácida
me
extingue.
Estas horas
solemnes
sofocan
los incendios
imprudentes
y los papeles
en llamas.
Ansío el
terremoto particular
que alguien
me ha
prometido.

Soy el hombre
delgado
que no flaqueará
jamás.



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viernes, 16 de marzo de 2012

Beso Nocturno de Miguel Anxo Fernan Vello



Conozco de la mujer el beso nocturno, espiral
y térreo.
                Velocísimo labio
musculado
requema en un abismo de
húmeda luz que adentra.
Oleosa dulzura templando
la sangre más profunda, más láctea
color-de-rosa,
maculada y pura,
acrecentada.
                  El beso bien nocturno
tiene perfil de serpiente
en ávida lengua,
fluyente y diluida
de simientes lunares,
esencias agridulces
o saladas e hirvientes en el abismo
conocido, en la morada
hendida que evapora un incendio
en las bocas
deslizadas al centro,
masa líquida
recurvada y ansiosa,
destilación convulsa
de inmodulada muerte en eco cenagoso,
cenizas de agua seca
en furias ondulantes,
entretejidas llamas de un gemido
quebrado, dulces ondulaciones
de un estertor de gloria,
animales tan sumergidos
enrojecen en la entraña del
placer dislocado,
instantánea grandeza
del fin en lento fulgor
de bocas fascinadas.
              El beso
muerde arcilla espumosa y profunda
de suave quemadura
y florece encarnado
fermentando un ardor pensativo y constante
en los labios calcinados.
                                                  Conozco
el beso nocturno de la mujer silenciosa,
conozco los besos oscuros
hasta inflamar las bocas de una pureza extraña,
la delicada muerte de los alientos sin sabia,
sin aurora carnal, lengua de húmedo fuego,
húmeda ceniza pura, húmeda muerte
lenta
hasta la tierra sin mácula,
conozco de la mujer su beso más nocturno
hasta perder los labios consumidos de sueño
sin final ni comienzo.



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jueves, 15 de marzo de 2012

Echa a volar, gaviota de mi puerto... de Luzmaría Jiménez Faro



Echa a volar, gaviota de mi puerto,
por las rotas arterias de mis olas,
y en las blancas estelas de mis pechos
dibújame tu sombra en la distancia.
Allí, donde parece que se estrellan
mi inquieta espuma y tu batir de alas,
allí será el encuentro todo fuego,
allí.
bajo la sombra de la luna helada.
Echa a volar, gaviota de mi puerto,
sin mirar hacia atrás: ve a tu bandada
y derrama mi sangre por el viento.



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miércoles, 14 de marzo de 2012

Transfiguración de Djuna Barnes



El profeta cava con manos de hierro
En las inestables arenas del desierto.

El insecto vuelve a su larva;
Retorna a semilla la rosa trepadora.

Como humo hasta la vacía garganta de Moisés,
Irrumpen todas las palabras que dijo.

El cuchillo de Caín retira la estocada;
Abel se levanta del polvo.

Pilatos no puede encontrar su lengua;
Desnudo está el árbol del que Judas colgó.

Lucifer clama desde la tierra;
Cristo cae a su muerte.

A Adán vuelve la fastidiosa costilla;
Una criatura solloza en su flanco.

La extensión del Edén es espesa y verde;
El bosque se agita, no se ve una bestia.

Desencadenado, el sol, con rabiosa sed,
Alimenta al último día con el primero



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martes, 13 de marzo de 2012

Antes de que las flores de la amistad se marchitaran la amistad se marchitó de Gertrude Stein



Amo a mi amor con v
porque así es
amo a mi amor con b
porque estoy cerca de aquello
un rey.
Amo a mi amor con a
porque es una reina
amo a mi amor y a es la mejor de ellos
piénsalo bien y sé un rey,
piénsalo más y piensa una vez más
amo a mi amor con vestido y con sombrero
amo a mi amor y no con esto o con aquello
amo a mi amor con y porque es mi prometida
ámola con una d porque está mi amor al lado
gracias por estar allí
a nadie le ha de importar
gracias por estar aquí
porque no estás allí
y con y sin mí lo que es y sin ella puede tardar
y entonces y cómo y todo alrededor pensamos y descubrimos que es
hora de llorar ella y yo.


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lunes, 12 de marzo de 2012

Lolita (fragmento) de Vladimir Nabokov



Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita


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domingo, 11 de marzo de 2012

El Viejo y el Mar ( fragmento) de Ernest Hemingway



Probó una vez más y se sintió desfallecer cuando viró al pez. El pez se enderezó y salió nadando de nuevo lentamente, meneando en el aire su gran cola. “Probaré de nuevo”, prometió el viejo, aunque sus manos estaban ahora pulposas y sólo podía ver bien a intervalos.
Probó de nuevo y fue lo mismo. “Vaya-pensó, y se sintió desfallecer antes de empezar-. Voy a probar otra vez.”
Cogió todo su dolor y lo que quedaba de su fuerza y del orgullo que había perdido hacia mucho tiempo y lo enfrentó a la agonía del pez. Y éste se viró sobre su costado y nadó suavemente así, de costado, tocando, casi con el pico la tablazón del bote y empezó a pasarlo: largo, espeso, ancho, plateado y listado de púrpura e interminable en el agua.
El viejo soltó el sedal y puso su pie sobre él, y levantó el arpón tan alto como pudo y lo lanzó hacia abajo con toda su fuerza, y más fuerza que acababa de crear, al costado del pez, justamente detrás de la gran aleta pectoral que se elevaba en el aire, a la altura del pecho del hombre. Sintió que el hierro penetraba en el pez y se inclinó sobre él y lo forzó a penetrar más, y luego le echó encima todo su peso. Luego, el pez cobró vida, con la muerte en la entraña, y se levantó del agua, mostrando toda su gran longitud y anchura y todo su poder y su belleza. Pareció flotar en el aire sobre el viejo que estaba en el bote. Luego cayó en el agua con un estampido que arrojó un reguero de agua sobre el viejo y sobre todo el bote.
El viejo se sentía desfallecer y estaba mareado y no veía bien. Pero soltó el sedal del arpón y lo dejó correr lentamente entre sus manos en carne viva, y cuando pudo ver, vio que el pez estaba de espalda, con su plateado vientre hacia arriba. El mango del arpón se proyectaba en ángulo desde el hombro del pez y el mar se estaba tiñendo de la sangre roja de su corazón.


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sábado, 10 de marzo de 2012

Inventario de lugares propicios al amor de Ángel González



Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia ( con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿Adónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.



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viernes, 9 de marzo de 2012

Tiempo muerto de Benjamín Prado



Ha sido un día raro. Estás tumbada
junto a mí.
                     Casi puedo escuchar la marea
de la sangre en tu piel
y el deseo que llena tus manos de leones.
Luego, apagas la luz.
                                           La noche salta
como un pez de tu corazón al mío.

Y sin embargo hay algo.
                                                   En realidad
no sé qué es.
                          Pero aquí está.
                                                          Es extraño:
de repente, me digo: -
Cada hombre
lleva una pala para cavar su propio Infierno.


Me pregunto qué he visto,
                                                     dónde estaba,
la razón; imagino
la tarde entera: el bar cerca de la autopista,
la ciudad
debajo de la lluvia igual que un barco hundido;
y algo que yo te dije
y algo que tú dijiste: -
Si no sabes
por qué lo has hecho, nunca sabrás por qué ha pasado.


Pero no veo nada,
                                      ningún dato,
ninguna relación con el Infierno.
                                                                     Entonces
miro adelante, busco
las palabras que tienen lo que quiero decir.
Y ahí tampoco hay nada:
Hay la azotea roja;
hay el gato que atrapa un pájaro y devora lentamente mis oj0s.

Tú sigues a mi lado.
Tu corazón golpea dentro de la mujer
dormida, igual que un perro ladrándole a las tumbas.
Me pregunto,
después de tantas cosas,
                                                   cuando cada hora quema
su selva entre mis manos,
                                                      me pregunto
qué es lo que sé de ti;
si tal vez, como dice Marianne  Moore, lo importante
de lo que vemos es lo que no vemos.

Y no encuentro respuestas.
                                                         Ni caminos
por qué volver.
                                 Enciendo
una luz,
                 abro el libro,
                                            cierro el balcón.
La noche
se reúne a sí misma, se marcha de nosotros
con su cielo vacío,
con su dios que se lleva
algo de nuestras vidas a su ciudad deshecha.

Abro el libro
mientras que en el tejado se mueve la serpiente
azul del agua
                            y sigues
                                              junto a mí
y por tu corazón se alejan los tambores
y escribo la palabra árbol y en ese árbol
crece
             tranquilamente
la palabra naranja.



ilustración de Garbi KW http://www.garbikw.com/  

jueves, 8 de marzo de 2012

Y Dios me hizo mujer de Gioconda Belli



Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos, nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.



fotografía de Garbi KW http://www.garbikw.com/   

miércoles, 7 de marzo de 2012

Piedritas en la Ventana de Mario Benedetti



De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que está ahí esperando
pero me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en un escondite
y luego a tenderme cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas
quién sabe dónde quedan mis próximas huellas
ni cuándo mi historia va a ser computada
quién sabe qué consejos voy a inventar aún
y qué atajo hallaré para no seguirlos
está bien no jugaré al desahucio
no tatuaré el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca
está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire más piedritas
abriré la ventana
abriré la ventana.

fotografía de Garbi KW http://www.garbikw.com/  

La canción Ana de Isamel Serrano, de su disco Atrapados en Azul incluye un verso inspirado en este poema de Mario Benedetti:

Ana, volverás a escuchar
las piedras que contra tu ventana
lanzó la felicidad.



martes, 6 de marzo de 2012

Sonata triste para la luna de Granada de Luis García Montero

                                                                                    
       A Marga
                                                     "Le ciel est par-dessus le toit"
                                                                                    Paul Verlaine

Esta ciudad me mira con tus ojos,
parpadea,
porque ahora después de tanto tiempo
veo otra vez el piano que sale de la casa
y me llega de forma diferente,
huyendo del salón,
abordando las calles
de esta ciudad antigua y tan hermosa,
que sigue solitaria como tú la dejaste,
cargando con sus plazas,
entre el cauce perdido del anhelo
y al abrigo del mar.
Estarías aquí
y nada habría cambiado sino el tiempo,
el cadáver extraño de sus ríos
que siguen sumergidos
como tú los dejaste.
Ahora
siento otra vez mi cuerpo poblarse de veletas
y lo veo entendido
sobre generaciones de ventanas antiguas
mientras la noche avanza solitaria y perfecta.
Somos de una ciudad
cargada de paciencia,
que no conoce el sueño de los invernaderos,
ni ha vivido la extraña presencia del amor.
Como pequeñas venas
los comercios esperan para abrirse mañana
y el deseo no existe
más allá de la luna de los escaparates.

Hemos soñado ya todos los sueños,
hemos vivido aquí
donde la historia olvida sus raíles vacíos,
donde la paz es negra y se recoge
entre plazas cerradas,
sobre tabernas viejas,
bajo el borde morado del misterio.

Alguna vez soñamos
con un mundo distinto:
era cuando el imperio perdido del azúcar
y llegaban viajeros
al olor de la industria.
Las calles se llenaron de motores rugientes
y la frivolidad
como una enredadera brillante por los ojos
nos ofreció de pronto
templada carne, lámparas de araña.
Parece que os recuerdo
abrasados al mundo entre trajes de hilo,
entre la piel hermosa de una época
que nos dejó sus árboles,
el corazón grabado
sobre las pitilleras, y su dedicatoria
en las fotografías.
Ahora
cuando el destino ya no es una excusa
sino la soledad,
y los cielos están bajo el tejado
como tú los dejaste,
todo recuerda un sueño sucio
de madrugada.
Aquí
no tuvimos batallas sino espera.
La guerra fue un camión que nos buscaba,
detenido en la puerta,
partiendo con sus ojos encendidos
de espía
y al abrigo del mar.
Más tarde
entre canciones tristes de marineros rubios
todo quedó dormido.
De balcón a balcón
oímos la posguerra por la radio,
y lejos,
bajo las cruces frías de las plazas,
ancianas sombras negras pascaban
sosteniendo en las manos
nuestra supervivencia.

Esta ciudad es íntima, hermosamente obscena,
y tus manos son pálidas
latiendo sobre ella
y tu piel amarilla, quemada en el tabaco,
que me recuerda ahora
la luz artificial del alumbrado.

Vuelvo hacia ti. Mi corazón de búho
lo reciben sus piernas.
Como testigos mudos de la historia
acaricio las cúpulas perdidas,
palacios en ruina,
fuentes viejas
que recogen la luna
donde van a esconderse los últimos abrazos.
Verdes en el cansancio
de todas las esquinas
esta ciudad me mira con tus ojos de musgo,
me sorprende tranquila
de amor y me provoca.
Amanece
moradamente un día
que las calles comparten con la lluvia.
La soledad respira más allá
de las grúas
y mi cuerpo se extiende
por una luz en celo que adivina
los labios de la sierra,
la ropa por las torres de Granada.

La madrugada deja
rastros de oscuridad entre las manos.
                                   Oigo
una voz que clarea. Lentamente
los tejados sonríen cada vez más extensos,

y así,
como una ola,
entre la nube abierta de todos los suburbios,
esta ciudad se rompe sobre las alamedas,
bajo los picos últimos
donde la nieve aguarda
que suba el mar, que nazca la marea.


El verso de este poema "Esta ciudad me mira con tus ojos" lo podemos encontrar en la siguiente canción de Ismael Serrano: La ciudad parece un mundo, de su disco Los Paraisos Desiertos

fotografía de Garbi KW http://www.garbikw.com/  

El título de la canción de Ismael Serrano así como el primer verso del estribillo estan extraidos de una frase del libro Clea, el cuarteto de Alejandría 4  de Lawrence Durrell:

"Una ciudad se convierte en un mundo cuando se ama a uno de sus habitantes. Toda una nueva geografía de Alejandría había nacido a través de Clea, recreando sus antiguos significados, renovando atmósferas semi olvidadas, arrastrando el aluvión multicolor de una nueva historia, una nueva biografía. Recuerdos de viejos cafés a lo largo de la costa en los bronceados plenilunios, los toldos rayados flotando en la brisa marina de la medianoche. Cenas tardías, la luna rielando nuestras copas. A la sombra de un minarete o en alguna franja de arena a la luz trémula de una lámpara de parafina. 0 recogiendo brazadas de capullos primaverales en el Cabo de las Higueras: ciclámenes brillantes, deslumbrantes anémonas. O de pie, juntos, frente a las tumbas de Kom El Shugafa, aspirando las húmedas exhalaciones de oscuridad que brotan de aquellas extrañas moradas subterráneas de alejandrinos muertos hace siglos; tumbas talladas en el suelo de oscuro chocolate, apiladas una sobre otra, como literas de barco. Sofocantes, mohosas y a la vez intensamente frías. ("Dame la mano.") Pero si Clea tiritaba no era todavía con la premonición de la muerte, sino tan sólo a causa del peso de la tierra grávida amontonada sobre nosotros metro a metro. Cualquier criatura solar hubiese temblado allí. El claro vestido de verano tragado por las tinieblas."Tengo frío. Vamos." Sí, hacía frío allí. Pero qué agradable era salir de aquella oscuridad a la ruidosa, anárquica vida de la calle abierta. Así ha de haberse levantado el dios-sol, liberándose de la húmeda prisión de la tierra, sonriendo al decorado cielo azul que inspiraba al viaje, a la liberación de la muerte, a la renovación en la vida de criaturas comunes. Sí, los muertos están en todas partes. No se los puede eludir tan fácilmente. En cada uno de los rincones de nuestras vidas secretas sentimos la triste y ciega presión de sus dedos despojados pidiendo que se les conceda un recuerdo, que se los haga renacer a la vida de la carne, que se les permita alojarse en nuestros latidos, invadir nuestros abrazos. Llevamos dentro de nosotros, como trofeos biológicos, la herencia de sus fracasos vitales: la forma de unos ojos, la curva de una nariz; o en líneas más fugitivas aun como la muerta risa de alguien, o un hoyuelo que despierta una sonrisa ha tiempo enterrada. El más simple de aquellos besos nuestros poseía un linaje de muerte. En ellos se amparaban amores olvidados, ansiosos por renacer. Las raíces de todos los suspiros están enterradas en el suelo. ¿Y cuando los muertos nos invaden? Porque algunas veces aparecen en persona. Aquella brillante mañana, por ejemplo, tan normal en apariencia, tan engañosa, cuando Clea, mortalmente pálida, irrumpió desde el lago como un cohete, y murmuró sofocada:
-Hay hombres muertos allí abajo"